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15 de agosto de 2020 18:48

Centros de aislamiento Covid-19, un lugar de abandono que los reclusos prefieren evitar

Otro espacio usado para el aislamiento de internos con Covid-19 fue la parroquia, que después fue ocupada por reclusos acusados de no cumplir asistencia familiar. En fotos que llegaron a ANF se ve a los internos durmiendo en el piso, algunos con colchones y con ataúdes al lado.

San Pedro Personal sanitario retira el cadáver de un interno del penal de San Pedro. Foto: cortesía
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La Paz, 15 de agosto (ANF).- Los internos de las cárceles del país evitan llegar a las zonas de aislamiento contra el Covid-19, aunque se encuentren contagiados. Muchos prefieren no decir nada sobre sus síntomas para no ser llevados a estos lugares que significan mayor infección, incomunicación y abandono, como dijeron a ANF internos de cárceles como Palmasola, en Santa Cruz, Morros Blancos, en Tarija, Mocovi, en Trinidad, y San Pedro, en La Paz.

Con la llegada del nuevo coronavirus al país, el gobierno optó por el aislamiento de las cárceles como medida de salubridad, pero no dotó de insumos como barbijos, alcohol en gel, jabón, desinfectantes, así como mejorar la alimentación. El virus ingresó y cobró más de 50 vidas.

En el penal de San Pedro, motivo de este reportaje, según información oficial fallecieron 24 internos por el virus, pero los privados de libertad contaron más de 40 cadáveres. Los casos sospechosos de contagio y aislados en el penal superan los 180. 

Grulla es un lugar de aislamiento en San Pedro. El más frío y lúgubre del recinto. Este sitio funcionaba como zona de castigo y fue habilitado como sector Covid. Es un largo pasadizo con 10 celdas, una al lado de otra, de dos por tres metros cada una. Ahí son confinados los presos sospechosos y confirmados de ser portadores del virus. Llegan a estar hasta seis por celda y duermen en el piso. Permanecen encerrados todo el día y solo salen al baño unos minutos, el que se encuentra a unos 15 metros. Algunas celdas tienen retrete, pero constituye un foco de infección del que salen mal olor y alimañas. Nadie realiza el aseo del lugar ni hay insumos para ello. La atención de los internos corre por parte de sus colegas de infortunio, que les brindan comida y medicamentos básicos, si es que llega. 

“No hay ni un médico que venga por aquí, tampoco vienen a fumigar”, contó a ANF un interno de Grulla.



El abandono estatal se siente mucho más en ese sector. Desde que fueron depositados los internos en esas celdas, tras la visita de médicos del Servicio Departamental de Salud (Sedes), no los ha vuelto a asistir un galeno del sistema público. El único que lo hace cada cierto tiempo es un médico que también es recluso, sobre quien recae la responsabilidad de asistir a más de 200 internos de las secciones aledañas.

“Tampoco nos dejan asearnos, ya estamos con la mugre, terrible, nos va a dar recaída por cochinos”, contó otro interno.

En Grulla fallecieron al menos dos internos por Covid-19. Los reclusos denunciaron que éstos no recibieron atención médica y que lo único que hacen las autoridades policiales es dejarlos ahí, aislados, como si se tratara de su última morada.

“Emputa lo que hicieron con nosotros, estamos como castigados, eso da rabia, estamos bajo llave, sin poder salir por lo menos al pasillo, ya estamos 20 días y no hay nadie de ese maldito Sedes”, denunciaron.

En casi cinco meses de encierro, los internos de San Pedro solo recibieron un jabón de lavar ropa como medida de bioseguridad. El resto de insumos de donación y cooperación, como se vio en los noticieros hasta en cuatro oportunidades, se perdió en el trayecto hacia las celdas. ANF pidió la contraparte de Régimen Penitenciario, pero no hubo respuesta. 

“Yo pensé que íbamos a tener atención médica, medicamentos, buen trato y alimentación como dicen las autoridades en las noticias, pero nada que ver, no tenemos nada, sólo el almuerzo que traen los cuates (…), no trajeron colchones nuevos ni nada de eso, no hay nada aquí”, lamentaron.

El director de Régimen Penitenciario del departamento de La Paz, Manuel Chambilla, dijo a ANF que cada sección del penal de San Pedro –son nueve- cuenta con un centro de aislamiento y esta estrategia ha permitido, junto a protocolos médicos, contener las muertes dentro del recinto, y que muchos infectados venzan a la enfermedad.



Sin embargo, la autoridad lamentó que, hasta la fecha, desde el 19 de julio, el Sedes no haya regresado al penal para realizar la segunda prueba a los internos y descartar oficialmente el Covid-19.

“Lamentablemente seguimos tropezando con que el Sedes no quiere venir a hacer la segunda prueba, dice que las pruebas faltan a nivel nacional, es porque el Sedes ha colapsado, y si no puede atender a la población, peor será a los privados de libertad”, lamentó.
Chambilla indicó que en San Pedro hay muchos internos con enfermedades de base y de la tercera edad –hay uno de 81 años- que son vulnerables al virus del nuevo coronavirus.

La crisis sanitaria en el penal se agudiza con los casos de corrupción: los cobros ilegales, bajo tortura, continúan, así como el tráfico y venta de los alimentos del prediario por parte de los delegados y el encargado de los alimentos (economato), en el que también involucran a efectivos de la policía. Por eso los alimentos siguen siendo insuficientes dentro del penal, hay quienes pasan hambre: Un pan en el desayuno, un cucharón almuerzo y cena solo de vez en cuando.

Otro espacio usado para el aislamiento de internos con Covid-19 fue la capilla, que después fue ocupada por reclusos acusados de no cumplir asistencia familiar. En fotos que llegaron a ANF se ve a los internos durmiendo en el piso, algunos con colchones y con ataúdes al lado.



Después se habilitó el cuarto piso de las aulas donde los internos pasan clases, para aislar a los casos sospechosos y los con Covid-19. En la construcción que queda al lado izquierdo al ingreso del penal, el personal sanitario almacena a los muertos, hasta que son recogidos por los familiares o por el personal forense.

San Pedro encierra a más de 2.600 internos mezclados entre sentenciados y detenidos preventivos y donde se registran más de 40 patologías. El hacinamiento llega casi al 380 por ciento y las condiciones de salubridad e higiene son pésimas. Cumplir el distanciamiento social es una misión imposible.

“Hay salones donde viven hacinadas más de 50 personas que duermen lado a lado, en un mismo colchón de plaza y media, así es imposible mantener el distanciamiento social, uno tiene miedo que al despertar su compañero amanezca muerto”, refiere un interno.

Las políticas de descongestionamiento aprobadas por el gobierno avanzan a paso demasiado lento y sin sincronía con la emergencia. El decreto de indulto y amnistía en vigencia desde hace más de 70 días solo liberó a 300 internos cuando el gobierno proyectaba al menos 5.000. 

Reducir la sobrepoblación penitenciaria de inmediato “es crucial para evitar un contagio generalizado en la población carcelaria y el resto de la sociedad”, dice Human Rights Watch (HRW), organización defensora de los derechos humanos.

La ONG señala que, si alguien quisiera propagar el coronavirus a propósito, encerraría a muchas personas en espacios hacinados e insalubres, con escasa ventilación, acceso esporádico al agua, atención médica deficiente y muy pocas pruebas para detectar infectados. Es decir, diseñaría una cárcel típica latinoamericana o caribeña.

El especialista en temas penitenciarios, Juan Carlos Pinto, dijo a ANF que vivir en las cárceles bolivianas es estar al borde de la muerte posible, pero ahora se agrava más con la incertidumbre y mayor abandono con la pandemia. 

“No existen medicinas ni personal médico suficiente, menos ahora, y si llegaran a contagiarse, difícilmente podrían salvarse, ellos lo saben”, dijo antes de que se conozcan casos en los penales.

“Si antes había una suerte de resignación ante la miseria y la injusticia, hoy ante la posibilidad de la muerte se agudiza la rebeldía y la rabia, por eso los motines y rebeliones”, apuntó.



/ANF/

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