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Politica

21 de diciembre de 2017 15:08

Violencia sexual contra niñas y adolescentes: entre la impunidad y el silencio

Uno de los impactos preocupantes son los matrimonios forzados que a decir de un informe de la Defensoría del Pueblo son una práctica corriente en el país.

10 Foto: ANF

La Paz, 21 de diciembre (ANF).- En marzo de este año la organización Una Brisa de Esperanza denunció ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que en Bolivia una de cada tres niñas y adolescentes sufre violencia sexual antes de cumplir los 18 años lo que convierte al país en el segundo con más víctimas en América Latina.  Además, advirtió a la comunidad internacional que la legislación vigente en Bolivia "encubre la violencia sexual contra las niñas y adolescentes".

Se trata de un flagelo global.  Según el informe Una situación habitual. Violencia en las vidas de los niños y adolescentes que acaba de publicar el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), alrededor de 15 millones de niñas adolescentes de entre 15 y 19 años en todo el mundo han sido víctimas de violencia sexual.  

La representante de Unicef en Bolivia, Sun-Ah Kim Suh, aseguró que, si bien no se pueden proyectar esos datos al país, es inocultable que la violencia sexual es una problemática creciente que afecta a niñas y adolescentes a edades cada vez más tempranas.  Dijo que por su gravedad el sistema de Naciones Unidas considera que corresponde declarar Alerta Nacional.

Las víctimas de violencia sexual con frecuencia callan por miedo, culpa, vergüenza. Se sienten impotentes, cómplices, humilladas y estigmatizadas. Pero sobre todo se saben indefensas. Además de representar graves violaciones a sus derechos, pueden derivar en una suerte de matrimonios pactados que truncan su desarrollo integral, les obliga a abandonar prematuramente sus estudios, les niega la posibilidad de forjar su independencia económica y les impone tempranamente la maternidad.

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha estimado que en América Latina entre el 11 y el 20% de los embarazos en niñas y adolescentes son resultado de violencia sexual.

“Si miramos el caso de Bolivia la situación es preocupante.  Por ejemplo, cuando vemos las cifras del embarazo adolescente, 12 embarazos por día a las edades de 10 a 12 años, son señal de alerta pues es poco probable que a esas edades puedan tener relaciones sexuales consensuadas”, aseguró Kim Suh.

Corroborando esa preocupación, Consuelo Torres, directora de la Defensoría de Niñez y Adolescencia de La Paz dijo que en la presente gestión de los casos denunciados en esa oficina tenemos tres adolescentes embarazadas, el mismo número del año pasado”.

Dijo que la discriminación que sufren las víctimas de violencia sexual se manifiesta en la poca credibilidad que tienen frente al sistema de administración de justicia que las pone en desventaja cuando se trata de denuncias sobre violencia sexual.

Otro de los impactos preocupantes son los matrimonios forzados que a decir de un informe de la Defensoría del Pueblo son una práctica corriente en el país.

Marcos Paz, sociólogo e investigador del Observatorio de Mortalidad Materna y Neonatal (OMMN) refirió que en la revisión de las historias de vida de los casos de mortalidad materna en el país verificó varios casos asociados a violencia sexual, embarazos no deseados y matrimonios o convivencias pactados por las familias de las víctimas.

“He visto un caso en Pando, un hombre de 53 años con una niña de 13. Ese tipo de situaciones muestran que se está naturalizado el abuso sexual y la violencia contra las adolescentes y en pueblos enteros te dicen así siempre ha sido”, dijo.  

Otro impacto que empieza a salir a la luz es el alto porcentaje de suicidios como causa de mortalidad materna.  En base al análisis en profundidad de los datos de mortalidad materna el OMMN revela que de todos los fallecimientos maternos por suicidio el 50,9% eran mujeres solteras. Es previsible que muchos de estos embarazos hayan sido producto de violencia sexual.  

La violencia sexual contra niñas y adolescentes refleja una compleja realidad de asimetrías de poder. La mayor parte de los casos judicializados muestra que las violaciones fueron cometidas por conocidos y familiares que acceden con facilidad a las víctimas y aprovechan la confianza forjada en la convivencia.  Se dan en forma progresiva en el contexto de una relación de afecto cimentada previamente por el agresor que luego devienen en manipulación, engaños, amenazas y distintas formas de coerción.

/ZAB/




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