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Politica

19 de diciembre de 2016 08:30

Un país sediento sacó a Evo Morales de su zona de confort

Al menos seis ciudades sufrieron racionamiento de agua, pero los planes más agudos se vivieron en La Paz, Sucre y Cochabamba. Hubo protestas sociales, rogativas y cambios políticos para encarar la situación.

AGUA ABI Ciudadanos de La Paz hacen largas filas para recibir agua de cisterna. Foto: ABI

Mery Vaca

La Paz, 19 de diciembre (ANF).- Al menos seis de los nueve departamentos de Bolivia sufrieron los efectos de la sequía este 2016 y, como no había sucedido antes, las ciudades tuvieron que soportar el corte del servicio hasta niveles insostenibles.

La situación obligó al presidente Evo Morales a salir de su zona de confort y a enfrentar la situación con un plan de emergencia para La Paz y con el anuncio de proyectos para diferentes ciudades del país.

Sucre y Cochabamba reportaron a lo largo de la segunda mitad del año serios problemas de desabastecimiento y sus barrios altos o alejados recibían el servicio a través de cisternas del sistema público o privado. 

En el caso de Sucre el desabastecimiento se produjo por la disminución del caudal de agua del río Ravelo. El problema, sin embargo, data de hace dos décadas y, pese al paso de sucesivas autoridades por la Alcaldía y la Gobernación, el problema estructural de falta de agua no se ha resuelto.

En el caso de Cochabamba, el racionamiento ya lleva nueve meses y, en ese contexto, la Alcaldía inició la distribución de agua por cisterna a un precio de Bs 3 por turril frente a los Bs 7 que cobran los privados.

Hasta ahí el problema era crítico, sin embargo, cuando la escasez de agua golpeó a La Paz, desde el 8 de noviembre, se desató, además, una crisis política en torno al Gobierno.

Morales había sido el promotor para que el año 2010, Naciones Unidas declarara al agua como derecho humano; por eso, la noticia de que en su país faltaba precisamente ese servicio básico, incluso, en las ciudades más importantes del país, no era un dato menor. Así, el hecho adquirió interés internacional.

Según el cronograma de distribución, un total de 94 barrios de La Paz terminaron recibiendo agua por red solo tres horas cada tres días, aunque hubo barrios en los que no llegó agua por cañería por semanas y que solo se abastecieron de cisterna, de tanques fijos instalados en las zonas afectadas y de vertientes naturales.

A calor de la crisis, Morales destituyó al gerente de la Empresa Pública y Social del Agua y Saneamiento (Epsas) y al director ejecutivo de la Autoridad de Agua Potable y Saneamiento (AAPS), Benecio Quispe.

El Mandatario pidió disculpas a La Paz por la crisis y argumentó que él no sabía que el agua se estaba acabando. De inmediato creó un gabinete del agua, nombró como jefe del mismo al ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, quien militarizó la entrega de agua por cisterna y tanque a la ciudad.

La gente no dudó en salir a la calle para protestar. Como no sucedía antes, se registraron marchas en la residencial zona sur de La Paz, la más afectada por los cortes de agua.

Al mismo tiempo, pobladores de Sacaba, en Cochabamba, bloquearon una carretera para que comunarios abrieran las compuertas de una laguna. La policía gasificó a los manifestantes para reestablecer el tráfico.

Entre tanto, en Sucre y Potosí había gente que salía en procesiones y rogativas para pedirle agua a Dios y a los santos.

A estas alturas, mediados de noviembre, se tenía conocimiento que al menos seis ciudades de Bolivia sufrían por la escasez de agua: La Paz, Cochabamba, Sucre, Potosí, Oruro y Tarija.

En medio de la crisis, surgieron problemas en La Paz porque el agua enviada por cañería llegaba turbia, luego con exceso de cloro o, finalmente, no llegaba. 

A eso hay que agregarle el uso de cisternas de YPFB en la distribución de agua, que está prohibida por la Organización Mundial de la Salud, aunque el Gobierno aseguró que eran carros nuevos. 

Finalmente, la temporada de lluvias trajo un alivio coyuntural, aunque el problema de fondo persiste. Por eso, el Presidente anunció cuatro proyectos de captación de agua para La Paz con un costo de 78 millones de dólares y dos proyectos para Sucre, uno con un costo de 26 millones de euros y otro con una inversión prometida de 40 millones de dólares.

/MVV/

Mario Bejarano, ingeniero civil:

“Se debe convocar a los expertos”.

El ingeniero civil, Mario Bejarano, considera que si se ejecutan las obras anunciadas por el Gobierno para dotar de agua a La Paz y a otras ciudades del país, la crisis vivida este 2016 no se replicará en las siguientes gestiones, sin embargo, señala que es importante que las autoridades convoquen a los expertos para hacer frente esta situación.

En el caso de La Paz, se ha anunciado la construcción de un ducto desde la laguna Kasiri hasta la represa Hampaturi, otro desde Pongo hasta la represa de Incachaca, una represa subterránea en el río Irpavi para proveer al sistema de Pampahasi y una represa en las nacientes del río Choqueyapu.

Entre tanto, para Sucre se esperan dos proyectos para aumentar el caudal de agua y Cochabamba espera la provisión de agua desde Misicuni.

Los proyectos funcionarán “siempre y cuando se reúna a la gente especialista en el tema, que la hay, se podría mejorar y mantener una solución estructural, por el momento al no haberse hecho inversiones en el corto plazo anterior no existían los reservorios para encarar una sequía”, dijo Bejarano.

El especialista indicó que esta situación ha golpeado a otros puntos del país y que tiene que ver con diversos aspectos como el cambio climático, el retraso en las lluvias, entre otros.

Y, en su criterio, la nueva actitud del Gobierno, de desarrollar proyectos para captar más agua, es también nacional.

Entre tanto, existe una fuerte corriente ecologista que busca un cambio ciudadano para empezar a ahorrar agua porque se prevé que los problemas continuarán por el cambio climático que está eliminando los nevados y disminuyendo las lluvias.



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