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Politica

19 de diciembre de 2016 08:25

LaMia, un escándalo político imprevisto

El accidente del avión de LaMia, que dejó 71 muertos, entre ellos los integrantes del equipo de fútbol Chapecoense, desató un sismo en Bolivia. El gerente de la empresa fue piloto de Evo Morales. El encargado de dar la licencia a LaMia eran un amigo del Presidente y el hijo de la empresa aérea.

LAMIA caracol Parte de los ataúdes de los muertos del avión de LaMia. Foto: Caracol
SEPTIEMBRE 1
Raúl Peñaranda U.

La Paz, 19 de diciembre (ANF).- Cuando se publicó la primera información de la colisión del avión de la línea aérea LaMia, en las inmediaciones de Medellín, se podía prever el impacto continental que ocasionaría la tragedia. Lo que no se supo de inmediato, pero empezó a configurarse con el correr de los días, fue el tema también ocasionaría un escándalo político en el país.

Varios elementos conforman esa situación: en primer lugar, el gerente de la empresa LaMia es el general en retiro de la FAB, Gustavo Vargas Gamboa, quien fue piloto de Evo Morales y de otros expresidentes. El Mandatario contó que “respeta muchísimo” a Vargas y que incluso lo ayudó a curarse médicamente, lo que demuestra su cercana relación.

El hijo del general Vargas, Gustavo Vargas Villegas, era el director de Registro Aeronáutico de la DGAC y como tal fue el encargado de elaborar el informe de autorización de la empresa que gerentaba su padre. Vargas Villegas está suspendido mientras se desarrollan las investigaciones.

Además, como jefe de Vargas Villegas fue designado un general amigo de Vargas Gamboa, de nombre Luis Pereira. Este tuvo también amistad con Evo Morales desde antes de ser presidente y a quien conoció durante un “confinamiento” en el oriente. El confinamiento era un castigo que se daba contra dirigentes sindicales y políticos cuando se decretaban estados de emergencia.

Morales menciona a Pereira en su libro “Mi vida, de Orinoca al Palacio Quemado” y señala que trabó amistad con él en Trinidad, en 1995.

Debido a esta relación, legisladores opositores han demandado que se esclarezcan estos hechos, que califican como indicios de “tráfico de influencias”.

En este caso, además, no se ha aclarado todavía cómo es que el empresario venezolano Ricardo Albacete, actualmente residente en España, terminó alquilando sus tres aviones de fabricación inglesa marca BAE en Bolivia, a una empresa (LaMia) que se llama de la misma manera a la qué él creó en España. Según su explicación, la línea en Bolivia se llamó así “para no perder la pintura del avión” que tenía ese logo en su fuselaje. LaMia nunca fue autorizada a operar en Venezuela.

Albacete es un polémico empresario, relacionado al Gobierno de su país y al hombre de negocios chino Sam Pa, de quien se dice es su testaferro. Sam Pa está detenido en su país acusado de malversación y otros delitos financieros.

Pese a sus contactos con el Gobierno venezolano, Albacete no logró que su empresa fuera autorizada, cosa que logró de manera rápida en Bolivia, gracias a la relación entre los generales Vargas y Pereira y el hijo del primero y su cargo clave en la DGAC. Él asegura que solamente alquila las aeronaves, que no se trata de la misma empresa.

En Bolivia, según difundió El Deber, la empresa se creó con un capital inicial de sólo 150.000 bolivianos (21.400 dólares), y consiguió interesantes contratos con clubes de fútbol continental e instituciones estatales, como la Gobernación del Beni.

La “cadena de errores” en la autorización de LaMia continuó con el hecho de que el piloto Miguel Quiroga hubiera aceptado volar la aeronave BAE JR85 entre Santa Cruz y Medellín sin que tuviera el combustible suficiente. Finalmente, aparentemente para evitar una multa si lograba aterrizar, Quiroga no decretó a tiempo la emergencia cuando se quedó sin combustible, haciéndolo cuando la colisión era inminente. Como se señaló, 71 personas perdieron la vida.

Celia Castedo, una funcionaria de Aasana, actualmente refugiada en Brasil, permitió que el vuelo decolara, según ella afirma, contra su voluntad. 

La situación pareció agravarse cuando Morales negó saber que LaMia tenía permiso de operación, y después el Gobierno tuvo que admitir que el Primer Mandatario había abordado uno de sus aviones.

Pese a la relación personal de Morales con el gerente de LaMia, los ministros de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, y de Obras Públicas, Milton Claros, negaron cualquier involucramiento del Mandatario.

“Lo que pretende generar la oposición es otra novela, otra historia, es falso, no hay relación entre el presidente (Evo Morales) y el piloto (Vargas) y la empresa”, indicó Claros en una entrevista con medios estatales.

El desarrollo en el país de una investigación internacional, con fiscales de Colombia y Brasil trabajando en suelo boliviano, podría esclarecer en el futuro muchas de estas dudas. Es probable, por ello, que el caso LaMia sea un escándalo que persiga al Gobierno boliviano en los meses venideros.

/RPU/


Diputada Jimena Costa:

“Estamos recién en el principio del escándalo”

La diputada opositora Jimena Costa señaló que el escándalo generado por la manera cómo empezó a operar en Bolivia la empresa venezolana LaMia “recién está empezando”. Costa señaló que deben absolverse las dudas sobre cómo un posible tráfico de influencias y de uso de relaciones personales terminó con una tragedia de proporciones continentales.

“Nuevamente, como ha pasado en el caso del Fondo Indígena, como pasa con la empresa EPSAS y su relación con la negligencia en el manejo de los recursos hídricos, el tema de LaMia va en la misma ruta, tiene que ver con la sustitución de la meritocracia por la ‘llunk’ucracia’, ese es el resumen”, expresó Costa.

La legisladora agregó que los funcionarios que han estado manejando la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) son “seleccionados en base a compadrazgo, por la proximidad política, ideológica o simplemente familiar con las autoridades de Gobierno”.

Eso, dijo, ha hecho que se autorice operar “internamente y hacia el exterior del país a una empresa que no tenía las credenciales y condiciones mínimas para volar y en el caso del siniestro, no tenía que haber partido hacia Medellín”. 

El avión partió el lunes 28 desde Santa Cruz hacia Medellín y no se detuvo en Cobija, como estaba previsto, para recargar combustible. Al no hacerlo, el avión tenía el combustible justo para llegar a la ciudad colombiana y como debió sobrevolar a causa de otra emergencia aérea, agotó su combustible por completo estrellándose contra un cerro. 71 personas perdieron la vida, entre ellos la casi totalidad de los dirigentes y jugadores del Chapecoense, un club brasileño de fútbol.





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