Barlamentos Por Winston Estremadoiro
Barlamentos

PAN AMARGO DE FELICIDAD Y PENA

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Envidio a mi nieto, a quien a sus ocho meses y medio se le posó un aguilucho en el alféizar de su ventana, en el décimo tercer piso del departamento que lo aprisiona; voló cuando su padre corría por la cámara, y volvió para cruzar miradas con el bebé. Supersticioso como andaluz que soy, le dije a su mamá que es presagio de que el niño está predestinado a grandes cosas. Mi otra hija empezó peroratas del brujo yaqui mentor de Carlos Castaneda, y si quien habría asumido el cuerpo del rapaz era mi madre, o sus bisabuelos maternos. Eran animadas charlas en la mesa familiar, esas que alguna vez me hacen sentir la felicidad en estado puro, tan escasa como la salvedad de que un rayo me atraviese con su fugaz saeta. Entonces la lectura de la prensa me devolvió a un humor de pena.

En el altiplano habían robado rieles y ocasionado dos descarrilamientos de trenes. Otros causaron la muerte horrenda de ladrones sacrílegos, golpeados y enterrados vivos por la justicia comunitaria. Se cohonesta el contrabando en pueblos matuteros que no pagan impuestos ni dejan entrar a enviados de la ley y del Estado, pero coexisten con un regimiento militar. En el oriente, arroceros bloquean carreteras y toman pozos petroleros exigiendo nivelar precios, como si lo uno tuviese que ver con lo otro. En el Chaco, hicieron lo mismo originarios ensoberbecidos, que extorsionan millonarios “peajes” por ductos que pasan por sus “tierras ancestrales”.

Me repito tal vez, pero suman y siguen los problemas sociales de hace años. Otra vez me atenaza el “to be or not to be, that is the question”, el hamletiano ser o no ser, esa es la cuestión, sobre tanta anomia social: si este gobierno abrió la tranquera, ¿podrá devolver la novillada al corral? Difícil augurio, si la mitad de 20.000 policías están de cortina de gas y laque del inquilino prorroguista de la futura Casa Grande del Pueblo.

Cuando se malgastan los recursos del pueblo en museos faraónicos con estructura de bestias míticas, que esperan un Niemeyer que no diseñe esperpentos arquitectónicos, en el Día de la Mujer la ONU anuncia que en Bolivia una fémina es asesinada cada tres días, sin contar negligencia criminal a bebés que nacen con ojal en vez de botón. Mientras se construyen palacios y satélites, continúa el desfile de mujeres golpeadas por sus parejas a las ófricas oficinas de brigadas protectoras de familia, mujer y niño.

Al tiempo que se valen de evidencias audiovisuales de ONG extranjeras para demostrar que el bullado caso Rozsa –terrorista, magnicida, separatista y otros demonios achacados–, fue cosa de tortura y ejecución extrajudicial, los legisladores plurinacionales plantean detención preventiva en la cárcel a fiscales y jueces que liberen a delincuentes avezados. ¿Quién asegura que tal no será otra arma extorsiva de acusadores y juzgadores que no se avengan a juicios políticos amañados?

Entre tanto, continúan los distractivos fuegos de artificio, parte seguramente de la “estrategia envolvente” de que alardea el bolchevique y jacobino Vicepresidente, que en lo uno recuerda al siniestro Beria estalinista, y en lo otro al Robespierre del reino del terror de la Revolución Francesa. Al papelón del “canciller de la papalisa”, prolegómeno quizá de éxitos diplomáticos en la próxima conferencia de la OEA en Cochabamba, el Presidente desafía que lo expulsen del organismo hemisférico, como si fuera Luis XIV, el del megalómano “L’Etat c’est moi”: el Estado soy yo, aunque su propensión autocrática está más dentro de la soberbia presunción fascista de “el pueblo soy yo”. Fue en Viena, donde denunció como aberración histórica la penalización del “akullico” de minorías bolivianas, en sospechosa compañía de cocaleros cuya hoja no es apta para hinchar los cachetes, pero sí para fabricar droga.

Mientras, en Bolivia enjuician por secuestro a los indígenas que rodeaban al canciller sexólogo de las piedras, para distraer a la gente del juicio por violación de los derechos humanos en Chaparina. El juicio por el sobreprecio de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos, se ahoga en denuncias y réplicas. Una que causa risa es la de la militarización del TIPNIS, respondida por el ministro de Gobierno en sentido de que el movimiento de tropas de la Armada boliviana es rutinaria: debe ser pues para estudiar un puerto en cabeceras de río de la Loma Santa, o cazar chancho de tropa.

Mi amigo José María Bakovic, que debería saber del acoso judicial como arma estatal, propone que con tanto reclamo por la delincuencia, en especial de los cogoteros en El Alto, y la infinidad de soluciones propuestas, una muy eficaz sería tratar a los delincuentes como opositores al Gobierno. ¿Acaso hay preso político que haya huido de la cárcel? La custodia al trasladarlos de una ciudad a otra es impecable, y no se dan papelones como el del matón brasileño que fugó invitando pollos a cancerberos muertos de hambre.

Recordé a Juan Antonio Morales, condiscípulo lasallista y destacado economista que dirigió el Banco Central de Bolivia, hoy con sus libertades cercenadas en el altar del cinismo de un régimen que ve la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Y Dios me ayude que en el próximo Día del Padre, quizá en otro momento pasajero de felicidad con los míos, en velada lluviosa y con la calle mojada, me envuelva la melodía “Te recuerdo Amanda”, del inmortal Víctor Jara, artista que asesinara la dictadura de Pinochet en forma sañuda y cruel.      

 

 

www.winstonestremadoiro.com                    winstonest@yahoo.com.mx

 



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