Barlamentos Por Winston Estremadoiro
Barlamentos

Azúcar amarga en vena sardónica

  • COMPARTE:

Al levantarse en la mañana, con cuatro críos clamando por su té con azúcar y marraqueta antes de ir a la escuela, donde hasta ahora no han resuelto la adjudicación de insumos para el desayuno escolar, no sería de extrañar que algún padre de familia exclamase ¡y a mí qué me importa!, si tuviese los quintos para comprar el periódico y leer un comentario en vena sardónica como el de hoy. Reacción comprensible si la mamá salió a las once de la noche a hacer cola; a las cuatro de la mañana empezó una lluvia tenaz y ella que no tiene paraguas, apenas su manta de siempre para cubrirse.

Con estoicismo femenino tan nuestro esperaba ahorrar unos centavos en un kilo de azúcar, y el gobierno había engordado varios pesos al nuevo precio, y alguien del entorno de los sospechosos de siempre había dispuesto almacenar miles de quintales para venderlos más caros, y el Presidente daba cuerda a la victrola de su verborrea para echar la culpa al neoliberalismo, al capitalismo, a los cambas separatistas, al calentamiento global, o a cualquiera de los demonios al que le hubiese tocado su turno de recibir guasca del jefazo.

El mismísimo Presidente recomendaba tomar sopa de huesos. ¿Cómo, si en el campo la mayoría de la gente no come carne, de la que pudieran quedar los huesos, sino en ocasiones como la llegada del hijo del cuartel o ese matrimonio postergado por años por la miseria? Si supiera el primer mandatario que la inversión para tener un trío de colmenas y cosechar miel sobrepasa los diez mil bolivianos, esos que el campesino guarda celosamente para algún presterío u otra urgencia. Intuya al menos que la abundancia de los productos va paralela a su baratura, ¿acaso ha promovido el gobierno la práctica de la apicultura?

Evo Morales exhortó a producir más yuca, seguramente por la sabiduría ancestral que innovaría el “sonso” camba -mandioca cocida y mezclada con queso, molida en tacú- con pito de quinua para añadir proteínas. Tan ilusa como la exhortación que hiciera hace tiempo algún nutricionista del pachamamismo: darles coca a los niños, versión “originaria” de la espinaca de Popeye, que ¿les convertiría en “Coqueyes”?

La exhortación de tal adalid -para los gringos sonsos- de la preservación del medio ambiente, debiera calar en los agricultores chapareños si es que la caridad empieza por casa. Pero hoy es tiempo de carta blanca para la blanca, con la ventaja de que el mandatario sigue de mandamás de federaciones de la republiqueta cocalera del Chapare. Y es el capitalista afán de lucro de los cocaleros que incita a cultivar coca. Tiene gran valor agregado, especialmente si se la procesa a pasta base de cocaína en ollas. Mejor todavía si, como dicen, los mandos medios cocaleros la acopian y los capos alistan los embarques de 500 kilos para arriba, para llevarlos en avioneta a factorías en lugares remotos, e industrializarla al polvo blanco que para los sibaritas de la nariz de hogaño, es como rapé de los salones aristocráticos de antaño.

Tanto así que hasta un productor de sucedáneos del azúcar, en base a fructosa de los Yungas, se queja de que los naranjales se han convertido en cocales y no hay materia prima. La coca ha rebalsado a tierras nuevas en La Paz, Pando, Beni y Santa Cruz; a parques y reservas nacionales cuya conservación es prioridad continental, como Isiboro-Sécure, Madidi y Choré; a territorios comunitarios de origen (TCO) de inermes amerindios Trinitarios, Yuracarés, Sirionós y Chimanes.
Mueve a sesudas reflexiones sobre cuán insondable es el pozo de la boludez. Si hasta la FAO, que es nada menos que la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, y no puede ser acusada de neoliberal, ha señalado que las restricciones a la exportación, el control de precios y la intervención del gobierno plurinacional en actividades como la producción de aceite comestible, han generado “un efecto boomerang”, que ha desincentivado la producción de alimentos en el país.

Según la Fundación Jubileo, los hogares bolivianos más pobres gastan la mitad de sus ingresos en alimentos de primera necesidad. Hasta la Central Obrera Boliviana, que no puede sindicarse de camba separatista, critica al gobierno de Evo Morales por no tener un plan económico –por lo menos uno tan efectivo como su plan politiquero, digo yo- siendo que, según la FAO, 26% de los bolivianos padece hambre extrema, a los que habría que añadir otro tanto que se duerme con el buche vacío tronando: ahora, ni para distraerlo con marraqueta y sultana endulzada con azúcar.

Un aymara quizá ahíto de pachamamismo llamaba a ingerir alimentos ancestrales en vez de esa azúcar que causa caries, decía, dejando en suspenso si las caries se deben al exceso de azúcar o a la falta de aseo bucal. Me recordó a un dictador que exhortó a que se coma charque y chuño al escasear la carne de res y la papa. Sabía más de caballos, porque aunque fuera por procesos adicionales, tales exquisiteces cambas y collas costaban mucho más. Ni qué decir del pollo criollo.

No sé del potencial de producción industrial del “ulluku” o del “isañu”, que confieso desconocer. Pero quizá la quinua no abunda en la “granola” del desayuno porque los productores prefieren mandarla al exterior. El gobierno no la fomenta, pero tampoco le impone cortapisas a su exportación ni les constriñe los precios. ¿Quizá es porque si bien los productores son capitalistas, no son autonomistas cambas?



Noticias relacionadas:


Opinión
Columnista invitado
ALBERTO PONCE FLEIG
DEMOCRACIA OCASIONAL
Gobiernacion de La Paz Noticias al minuto
Boletines
Tome decisiones leyendo nuestros boletines realizados por especialistas.
Notas análisis político Notas económicas

Torres Brandy México Tailor Made Holidays & Small Group Tours to South America Altozano productos Quinua Web Hosting Bolivia Registro de dominios Bolivia
ANF

La Agencia de Noticias Fides es una obra de la Compañía de Jesús
Derechos de propiedad intelectual reservados
Se prohíbe expresamente la reproduccion o copia de los contenidos de este sitio sin el expreso consentimiento de la ANF
(c) 2016