Opinión

27 de marzo de 2009 19:25

RIESGOS DE LA EUGENESIA


Por, Miguel Manzanera, SJ (.)
Del 20 al 21 de febrero participé en el Encuentro Anual de la Pontificia Academia por la Vida, celebrado en la Ciudad del Vaticano y dedicado este año 2009 al tema “Nuevas fronteras de la genética y riesgos de la eugenesia”. Bajo la presidencia de Mons. Rino Fisichella, prestigiosos académicos, científicos, filósofos y teólogos, de los cinco continentes se dieron cita para examinar el impacto de los asombrosos avances tecnológicos en la genética y los graves desafíos que plantea la llamada “eugenesia”. Este vocablo, que literalmente significa “buena generación”, incluye una serie de técnicas para curar enfermedades genéticas hereditarias que hasta hace pocos años eran consideradas como incurables y que hoy, pueden ser curadas si son detectadas precozmente a través del diagnóstico prenatal o incluso por el análisis preimplantatorio en los procesos de fertilización extracorpórea o in vitro,.
Sin embargo, por debajo de esta expectativa positiva de las técnicas terapéuticas, se esconde la ideología del “eugenismo” o sea de la selección asesina a los niños enfermos o débiles, practicada ya por los antiguos espartanos cuando despeñaban por la roca Tarpeya a los recién nacidos considerados como ineptos para ser futuros soldados. Esta ideología, asumida en tiempos recientes por el nazismo y el feminismo eugenista, se está hoy difundiendo, promovida por los países desarrollados para controlar la población mundial y para el mejoramiento genético de la humanidad (“genetic enhancement”).
El eugenismo postula la eliminación de infantes por nacer con enfermedades hereditarias o deficiencias génicas con el argumento de evitar sufrimientos futuros tanto al paciente con esa patología, como a sus progenitores, particularmente las madres que deberán sacrificarse para cuidarlo con cariño. Así por ejemplo en varios países como EEUU, Francia y España, cuando se detecta la trisomía del par cromosómico 21, causante del llamado “síndrome de Down”, se recomienda a la madre proceder al aborto que se disfraza bajo la denominación “interrupción voluntaria del aborto” (IVE).
Lamentablemente la cultura globalizada, con sus ingredientes de materialismo, hedonismo y pragmatismo, va pervirtiendo las conciencias de las personas y de los pueblos con la consiguiente pérdida del sagrado valor de la vida de todo ser humano desde ese momento inicial de su existencia, que se inaugura con la fertilización del óvulo por el espermatozoide.
Como no podría ser de otro modo, la Iglesia Católica, fiel al mandato del Señor, eleva cada vez con más decisión su voz protética por los que no tienen voz, exigiendo el respeto al derecho a la vida desde la concepción como el primero y más fundamental de todos los derechos humanos universales. Aquí, además, se trata de defender a los más débiles e indefensos y de liberar, así, de la condena a la pena de muerte a los más inocentes de todos los seres humanos.
Momento culminante del Encuentro fue el discurso del Papa Benedicto XVI, quien con sabiduría inspirada proclamó con firmeza “la misma dignidad de todo ser humano por el hecho mismo de haber llegado a la vida” y denunció valientemente los falsos argumentos del eugenismo. “El desarrollo biológico, psíquico, cultural o el estado de salud no pueden convertirse nunca en un elemento de discriminación. Es necesario, por el contrario, consolidar la cultura de la acogida y del amor que testimonian concretamente la solidaridad hacia quien sufre, derribando las barreras que la sociedad levanta con frecuencia discriminando a quien tiene una discapacidad o sufre patologías, o peor aún, llegando a la selección y al rechazo de la vida en nombre de un ideal abstracto de salud y de perfección física. Si el hombre es reducido a objeto de manipulación experimental desde los primeros pasos de su desarrollo, significa que las biotecnologías médicas se rinden ante el arbitrio del más fuerte. La confianza en la ciencia no puede hacer olvidar el primado de la ética cuando está en juego la vida humana”.
------ (.) El autor es sacerdote jesuita y profesor académico 27 de febrero de 2009