Punto de Vista Por Miguel Manzanera S.J
Punto de Vista

RENOVACIÓN DE LA EMPRESA SEGÚN LA ECONOMÍA DEL DON

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Con ese título la Unión de Empresarios Cristianos Bolivia (Uniapac) ha presentado un libro, del cual soy coautor, para dar a conocer las conclusiones y avances que se han producido en los últimos años sobre el tema de la renovación de la empresa como elemento clave en la economía solidaria de mercado. Es un fruto del X Simposio Celam-Uniapac, organizado en junio de 2010 en Cochabamba, donde obispos y empresarios se reunieron para reflexionar en torno a los desafíos que se presentan a los 200 Años de la Independencia de América Latina y El Caribe.

En varios países latinoamericanos, entre ellos Chile, Brasil y Perú, predomina la economía neoliberal de mercado, que ha traído indudables beneficios en la modernización de la economía y en el crecimiento del producto nacional. Sin embargo este modelo no ha conseguido eliminar los bolsones de pobreza que condenan a vivir a muchas personas en situaciones infrahumanas. Como contraposición ha surgido en América Latina un movimiento liderado por los gobiernos de Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua, para implantar el llamado “socialismo del siglo XXI”, adoptando formas totalitarias de gobierno.

Es urgente pues reflexionar sobre esta realidad y proponer un modelo alternativo que podemos etiquetar como “economía solidaria de mercado”. El Estado no asume un papel protagónico en la economía, sino que se centra en cumplir sus fines específicos de mantener el orden y la seguridad, asegurar los servicios públicos y atender a las personas y grupos más desfavorecidos. Al mismo tiempo establece un marco jurídico para que se respete la justicia social y los derechos humanos y se fomente la solidaridad entre los ciudadanos, evitando polarizaciones sociales y políticas antagónicas. Este propósito debe ir acompañado con una mayor integración y colaboración latinoamericana que hasta ahora no se ha podido lograr.

Completando este marco macroeconómico una propuesta importante se refiere al nuevo modelo de empresa bajo el lema de la “economía del don”, inspirado en la “economía de la comunión”, promovida por el Movimiento Focolar, fundado en 1943 por Chiara Lubich y presentado por el Papa Benedicto XVI en su Encíclica "Caridad en la Verdad”, publicada en el año 2009. Se trata de que los inversores y los directivos de empresa modifiquen su objetivo tradicional, orientado casi exclusivamente a maximizar el lucro, y se abran a un abanico de objetivos que incluyen al medioambiente, a la sociedad y sobre todo a la persona en su doble dimensión corporal y espiritual, personal y comunitaria.

Esto supone un cambio grande en la imagen del empresario exitoso, que muchas veces se mide únicamente en términos cuantitativos de beneficios obtenidos. En la “economía del don” el “buen empresario”, además de ser una persona preparada en las ciencias y técnicas de administración de empresas, es simultáneamente un hombre justo, prudente y solidario que conoce y aprecia a sus colaboradores y se esfuerza en la construcción de comunidades, tanto al interno de la misma empresa como en las relaciones con otras personas y grupos con los que se relaciona.

Esta propuesta no debe ser malinterpretada como si el empresario pasase a ser un benefactor y la empresa una obra de beneficencia, perdiendo su carácter productivo comercial exitoso, basado en la competitividad. El buen empresario debe esforzarse para que la empresa sea rentable y sostenible que le permita no sólo cubrir los gastos, incluyendo el pago de salarios justos y la amortización de sus instalaciones, sino también proyectar la modernización de sus equipos y la innovación de sus productos, para que la empresa siga gozando de la preferencia de sus clientes.

Pero al mismo tiempo el empresario tiene que cumplir el objetivo de hacer que la empresa sea una comunidad humana que contribuya al desarrollo personal de sus miembros, al cuidado del medio ambiente y al desarrollo y fortalecimiento de las comunidades culturales, religiosas, sociales y políticas en las que está inmersa. De esta manera el empresario se sentirá realizado como persona cumpliendo su vocación profunda de contribuir a la solidaridad humana universal.

La “economía del don” tiene mucho que ver con la “responsabilidad social empresarial” (RSE), que ya algunas organizaciones están promoviendo. Pero al mismo tiempo busca fundamentar filosófica y teológicamente la misma esencia de la persona humana que viene a la existencia como un don directo de sus padres que se unieron para darle la vida biológica y al mismo tiempo como un don de Dios Creador que le ha infundido su Espíritu de Verdad y de Caridad. Cuando una persona llega a comprender esa vocación cambia radicalmente sus objetivos en la vida en todas las actividades que realiza tanto personales, familiares, sociales o empresariales. Es, pues, una visión renovadora del empresario y de la empresa.
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