Opinión

6 de abril de 2009 10:49

PASIÓN DE JESÚS Y MISTERIO DE INIQUIDAD


Miguel Manzanera, SJ (.)
En países como Bolivia de secular tradición católica se mantiene la celebración pública de la Semana Santa. Muchas personas acudirán estos días a los templos y participarán en las celebraciones litúrgicas y devocionales, especialmente en la procesión del santo Sepulcro que se realiza en muchas localidades a lo largo de la geografía nacional.
Sin embargo, también se observa cómo esa religiosidad popular va decayendo por varios factores. En primer lugar por el secularismo de la cultura globalizada que persistentemente socava los valores espirituales. Muchas personas, olvidándose completamente de la religión, utilizarán los feriados para descansar o tomarse unos días de vacación, utilizando los paquetes turísticos que se ofrecen en estos días.
El decaimiento de la Semana Santa es debido en parte al creciente influjo de algunos grupos ateos o incluso cristianos, hostiles a la Iglesia Católica, que no pierden ocasión para criticarla, muchas veces con medias verdades o falsedades. Por otra parte se observa un rebrote de las creencias ancestrales con las ofrendas a la Pachamama y a otras entidades telúricas, que incluso el Presidente de Bolivia y otras autoridades ostentosamente practican bajo el eslogan de descolonización.
Pero también - y en este punto queremos de tenernos – los mismos católicos que participamos en los actos de culto corremos el riesgo de quedarnos en la periferia, ojalá no en el folklore, acerca del sentido de las celebraciones litúrgicas. Por ello es necesaria una reflexión más profunda que presupone la fe en Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre.
¿Por qué Jesús aceptó padecer y morir en la cruz con esa muerte tan cruel, ignominiosa y humillante? No es suficiente referirse a la increíble maldad de sus perseguidores, hipócritas, ambiciosos, lujuriosos, envidiosos, injustos …, tal como se muestra en los evangelios. La fe apunta hacia el poderío del misterio de iniquidad, en términos teológicos el “misterium iniquitatis”, cuyo protagonista es el diablo, conocido también por diversos nombres Satanás (Job 1,6), Lucifer (Is 14, 2).
En la actualidad el diablo sigue actuando, no sólo tentando y llevando al mal a muchas personas, sino también obnubilando las mentes hasta hacer perder el sentido del pecado. Muchas personas aplastan su conciencia para no sentir remordimiento cuando cometen maldades. Incluso la cultura mediática llega a glorificar al pecador convirtiéndolo en un héroe o en una celebridad. Tal es el caso de personas corruptas que astutamente han evadido o pervertido la justicia o de celebridades artísticas que llevando una vida inmoral y escandalosa son admiradas y casi-idolatradas.
Esta pérdida del sentido del pecado es – en palabras de Pablo VI - el gran drama de la humanidad. Esto explica por qué Jesús fue el gran rebelde frente a esa obnubilación de las conciencias y además el gran profeta denunciador de la maldad y finalmente el que se ofreció a pagar con su sangre el precio de la redención de los pecadores de su pueblo y del universo entero.
Esta generosidad extrema de Jesús es el mayor gesto de solidaridad que podemos imaginar. Por ello Dios Padre, liberó a su Hijo del poder del maligno y lo constituyó como supremo juez de vivos y muertos. La Semana Santa es, pues, un tiempo excepcional de gracia para que nos arrepintamos sinceramente de nuestros pecados y acudamos humildemente al sacramento de la confesión.
De esta manera entraremos en comunión con el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo en el madero de la cruz y, así, viviremos intensamente el gran misterio de la redención. Si somos fieles a Él, nos dará al Espíritu de santidad (la Rúaj Santa) que nos hace renacer como hijos en el Hijo. Por ello la fiesta de la Pascua es la derrota sempiterna del mal y al mismo tiempo el triunfo de Jesús y con Él de todos los que le nos esforzamos en seguirle cumpliendo sus mandamientos para gloria de Dios Padre.
---------------------- (.) Sacerdote jesuita y doctor en Teología