. Por Miguel Manzanera S.J
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FIESTA NACIONAL DEL AÑO NUEVO ANDINO

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Por, Miguel Manzanera, S.J(.)
En Consejo de Ministros el Presidente Evo Morales ha emitido un decreto declarando el día 21 de junio feriado nacional inamovible, con suspensión de actividades públicas y privadas en todo el territorio nacional, en conmemoración del solsticio de invierno. Con ello se pretende revalorizar los ritos andinos en torno al Nuevo Año (Willkakuti, Intiwatana), cumpliendo así las recomendaciones de la Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, de las Naciones Unidas en el año 2007.
Como era previsible ese decreto ha causado diversas reacciones contrapuestas. Las positivas provienen de indígenas y organizaciones populares que lo consideran como un avance en sus reivindicaciones culturales y políticas frente a la opresión colonizadora de hace 517 años. Hay asociaciones, como los kallawayas que subrayan el sentido religioso de ofrendar al Inti y a la Pachamama según antiguos rituales. Esta fiesta vendría a ser un elemento importante en el proceso de descolonización planteado en la Constitución Política del Estado.
También se alegran las empresas dedicadas al turismo interno que organizan viajes y paquetes turísticos a los lugares privilegiados para observar el espectacular fenómeno del solsticio de invierno y realizar los distintos rituales. Asimismo se benefician las personas comerciantes o vivanderas que aprovechan las festividades del tipo que sean para ofrecer sus productos y sus comidas y bebidas. Por supuesto no faltarán otras personas que aprovechen para tener un día más de descanso evitando el frío invernal.
Pero al mismo tiempo ha habido reacciones contrarias serias que deberían haber sido tenidas en cuenta. Para los empresarios, pequeños, medianos y grandes, imponer un feriado más significa una carga laboral y al mismo tiempo un descenso de la productividad en un país ya con bajos índices económicos y altas tasas de desocupación, que a pesar de tener ingentes recursos naturales parece que prefiere seguir practicando la mendicidad internacional.
Hay también críticas de historiadores que discrepan sobre la existencia de esta fiesta en el calendario aymara y más bien indican que el culto al sol habría formado parte de la política imperialista incaica del Tawantinsuyo para imponerse sobre otras grupos étnicos del altiplano, entre ellos los aymaras y los urus, y de otras regiones orientales que conformaron más tarde la República de Bolivia.
Las objeciones más serias son religiosas y políticas. Desde la perspectiva teológica cristiana volver a los cultos al Inti y a la Pachamama es un anacronismo, justificado en épocas pasadas que desconocían los avances científicos de la astronomía. Pero más allá se descubre la intención de imponer esa creencia como sostén del proyecto descolonizador, tal como mediáticamente se mostró en la toma de posesión de Evo Morales en Tiwanaku y que se confirma con la proyectada supresión de la clase de religión en las escuelas para sustituirla por las creencias y cosmovisiones ancestrales. El mismo presidente y varios miembros del gobierno han mostrado en diversos momentos su hostilidad hacia la Iglesia Católica, que se quiera o no sigue siendo la religión mayoritaria de la población. Todo ello es incongruente con una sana libertad religiosa, tal como hoy se entiende.
En el aspecto político democrático es censurable que se haya impuesto esta celebración con un decreto sin haber hecho previamente consultas nacionales o regionales. En un tema que afecta a toda la población y tiene fuertes connotaciones religiosas y repercusiones laborales, lo correcto habría sido promulgar una ley. Gobernar con decretos pertenece a una línea política dictatorial. Desde la perspectiva política regional se está dando una importancia desmesurada a las culturas andinas, como si fueran las únicas o las más representativas de Bolivia. Para gran parte de la población citadina y de las culturas orientales este decreto rompe el esquema constitucional de la plurinacionalidad.
Con ello se está acentuando la polarización del país entre los que detentan el gobierno con el apoyo popular de las regiones andinas frente al resto de la población citadina y de los departamentos de la llamada media luna. Así, indirectamente se refuerza la opinión de la inviabilidad de Bolivia como Estado e incluso se proporcionan argumentos para organizar una legítima resistencia civil.
-------- (.) Sacerdote jesuita y doctor en teología



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