Por Manfredo Kempff Suarez

Los cruceños en la picota

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Resulta ocioso querer inventar la pólvora a estas alturas y afirmar que los cruceños estamos con nuestras cabezas en la picota del Gobierno. Hablamos de los cruceños y no de los masistas “acruceñados” que son otra cosa muy distinta, y que se los distingue a la legua, en cuanto abren la boca. Esos están felices, hablando en nombre de Santa Cruz, e impulsando todo tipo de desmanes. Los “acruceñados” conforman una nueva raza política, un nuevo liderazgo y dicen ser quienes van a traer felicidad y progreso al pueblo. Bajo el poncho está la condición de deshacerse del verdadero cruceño, que es un estorbo.

Antes de los escándalos de los “wikilates” ya sabíamos perfectamente que el Gobierno masista había decidido invadir no sólo Santa Cruz sino todo el oriente boliviano. Ha sido una invasión militar y civil. Militares que se dice van a resguardar las fronteras pero que permanecen protegiendo al MAS cerca a las grandes ciudades, y civiles que están aleccionados para amedrentar y tomar predios privados. El Ejército se prestó a la ocupación territorial de Pando, como si hubieran tomado tierra extranjera, y S.E. designó a un gobernador militar en reemplazo del gobernador elegido democráticamente que fue a la cárcel. Ahora militares multinacionales se van a atrincherar en Warnes, a 25 kilómetros de Santa Cruz.  Y los “colonizadores” llegan a montones (sobre todo en épocas electorales) para ocupar lo que es ajeno y meter miedo a la gente.

Los “acruceñados” dicen que el “cambio” exige esas cosas y que Santa Cruz tiene que adaptarse al “cambio”. Mientras tanto, barren con autoridades legítimamente constituidas como los alcaldes de poblaciones medianas y los suplantan por recién llegados, que son obedientes a los dictados del MAS. Si la autoridad es un cruceño de verdad, entonces es seguro que su cargo caerá en manos de un “acruceñado”.

Desirée Bravo, cruceña por supuesto, está a punto de ser derribada en el Concejo Municipal por los “acruceñados”. La quieren anular porque la acusan de haber falsificado unas notas del colegio hace más de 30 años. Sin embargo, no sabemos si los que acusan pueden exhibir un título de bachiller. Pero, claro, están en el poder. Ni que se diga del gobernador Rubén Costas, cruceñazo a carta cabal, a quien se desesperan por echarlo para reemplazarlo, sin duda, por algún interventor designado a dedo. La ofensiva contra el oriente está perfectamente planificada y arrolladora. Y ahí colaboran con ahínco los “acruceñados”. Esto se está pareciendo demasiado al detestable colaboracionismo durante la ocupación nazi en Francia.

No se trata de tumbar solamente a autoridades cruceñas elegidas legalmente. Aquí la cosa es mucho más seria. Se trata de destruir a la región desde todos los ángulos posibles. Hay que cargarse el modelo productivo. El sometimiento a los empresarios a través de la extorsión está más que comprobado. Como muestra un botón: Humberto Roca. A Roca quieren verlo preso y a su empresa destruida para que el estado tenga el monopolio de los cielos. No es otro el problema. Ahora el Consejo Nacional de Ayllus y Marcas del Qullasuyu (Conamac) mete sus narices y quiere demandar a Roca por racismo y discriminación. ¿Qué tenemos que ver los cruceños con los ayllus y las marcas del Qullasuyu?

Lo que ha sucedido con la familia Larsen en el Chaco y con dos agricultores más, es algo inconcebible. Se los ha acusado de esclavistas y de no cumplir con la función social y han sido echados de sus propiedades. Son establecimientos hechos con sudor y coraje, de los que ahora se adueñarán unos buitres que estaban sobrevolando las haciendas desde hacía tiempo. Eso se lo debemos al fogoso legionario de apellido Almaraz, que, “sin miedo”, instó al asalto y que lanzó profecías y maldiciones terribles en contra de presuntos gamonales. ¿Gamonales como los despojados Larsen?

¿Qué dirán ahora los “acruceñados” sobre la Ley de Derechos de la Madre Tierra? Eso puede reventar al agro cruceño. Esa chifladura puede dejar sin alimentos a los bolivianos y, naturalmente, quebrar la industria alimenticia. Entre otras tonterías se le otorga derechos a la Madre Tierra pero no a quienes la trabajan. Como si se tratara de una persona, la Pachamama tendrá vacaciones durante dos años cada cuatro, que no la tienen los peones ni los patrones en el campo. ¿Por qué el Gobierno no anuncia que se dejará de sembrar coca durante dos años?  Soya, sorgo, maíz, caña, no importa; coca sí. La paranoia ha llegado a extremos inimaginables, con una ley confusa y sumergida en divagaciones religiosas y ecológicas que no armonizan.  

En suma, sin más vueltas, los cruceños estamos en la picota. Sobre cada uno de los cruceños está la amenaza de la cárcel o el autoexilio, con excepción de los colaboracionistas. Lamentablemente, la Santa Cruz brava, unida, del pasado, se quedó en el pasado. Ahora tenemos una capital que se ocupa de otras cosas y que piensa que más de lo que ha sucedido no se puede esperar. Y esto es sólo el comienzo.

(*) Escritor y ex diplomático



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