Por Manfredo Kempff Suarez

Hacia la educación socialista

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Ojalá  que nuestros hijos – nietos en el caso mío – no salgan tan ignorantes como quienes elaboraron el proyecto de Ley “Avelino Siñani-Elizardo Pérez”, que va a aprobar la rimbombante Asamblea Plurinacional e imponerla en el país, porque, si fuera así, bien lucidos vamos a estar en el futuro. Totalmente “despatriarcalizados”, pero burros.
Una rápida ojeada al proyecto ha sido suficiente para tenerles lástima a los asambleístas opositores que tratarán, en vano, de que semejante Ley no se apruebe antes de Navidad, como quiere S.E.  El proyecto de marras no recoge otra cosa que el fatal preámbulo a la nueva Constitución, esmerándose aún más en cursilería y en artilugios semánticos que buscan enredar el texto. Sabemos que una ley confusa, que no se entienda, sirve al oficialismo para hacer lo que le dé la gana con ella. Una muestra acabada son las últimas normas en vigencia.
Empezando por las “bases” del proyecto de Ley de educación, ya podemos ver para dónde van los tiros. Van exactamente para donde fueron los tiros del general Cueto cuando habló en nombre de las Fuerzas Armadas declarándolas socialistas. Dice que nuestra educación “es descolonizadora, liberadora, revolucionaria, antiimperialista, despatriarcalizadora…” ¿Para eso vamos a mandar a nuestros hijos a la escuela? ¿Para que los despatriarcalicen? ¿Qué genio se ha inventado un trabalenguas tan horrendo además?
¿Pero acaso los patriarcas fueron unos delincuentes? ¿Por qué el repudio a los hombres venerables? El diccionario dice que patriarca es “persona que por su edad y sabiduría ejerce autoridad en una familia o en una comunidad”. Otras acepciones señalan al patriarca como una dignidad bíblica o religiosa. Los patriarcas no son bandidos ni criminales como seguramente se han imaginado los redactores de la Ley. Recuerdo con cariño cuando antes en Santa Cruz  se referían a un patriarca. Era referirse a una persona de bien, a un gran señor. Ahora parece que hasta las palabras tienen otro significado. El “cambio” ha llegado a estropear hasta el sentido del vocablo.
Claro que está visto que la intención es que los niños (y las niñas como les gusta a los redactores) escapen al tutelaje paterno (y materno) y que se entreguen a la sabia educación que les dará el Estado Plurinacional; una formación descolonizadora, antiimperialita, anticapitalista, antineoliberal.  Es decir, hacer de nuestros hijos (e hijas) unos Che Guevara precoces. Antes que los chicos (y las chicas) lean historia, literatura, comprendan lo que leen, aprendan a escribir con propiedad para redactar buenas constituciones, los (las) escolares estarán aprendiendo a odiar todo lo “anti”.
S.E. ha manifestado que quien se oponga al texto de esta Ley, será “un racista”. ¿Qué tal? Entre los fines de la educación,  en el Art. 4 inciso 8, se dice: “Promover la amplia reciprocidad, solidaridad en integración entre las naciones y pueblos indígena originario campesinos y afro descendientes que luchan por la construcción de su identidad en el ámbito continental y mundial…” Fuera de lo lunático y pretencioso que es la idea de la Bolivia cósmica que salvará al planeta Tierra, aquí lo que vemos es una exclusión total de más de la mitad de los bolivianos. Sencillamente, diga lo que diga S.E., este es un proyecto de ley para aimaras, quechuas y yungueños de Coripata. No es para los cambas. Ni para los collas criollos. Es, sin duda, una ley totalmente centralista.
¿Y esto otro quién lo entiende?: “En las comunidades o regiones trilingües o plurilingües (como si fuéramos China o India), la elección de la lengua originaria se sujeta a criterios de territorialidad y transterritorialidad  definidos por los consejos comunitarios”. ¡Janiua!  No lo entendemos, porque no pertenecemos a ninguna región trilingüe ni plurilingüe, ni tenemos tampoco “consejos comunitarios”. Esto no es para nosotros.
Mucho “intra”, “inter”, “anti”, “pluri”, “indígena originario campesino”, “afro”, mucho del cosmos y del pachamamismo, pero vaya que a los orientales no nos han tomado en cuenta para nada.  Esta es una ley para “aimarizar” a nuestros hijos y nietos. Con esto los cruceños tendremos que hablar quechua y aimara en una generación más.  ¿Serán racistas los que reclamen contra esta ley descabellada?
En el texto existen asuntos tapados. Hay una aviesa intención en contra de la Iglesia Católica por donde se le mire. Se va a premiar a los maestros que sean obedientes al Gobierno y por tanto no enseñarán los mejores. No les espera buen destino a las universidades privadas, que, como se lee, se convertirán en colegios para niños grandes, además de que el rector deberá hablar una lengua originaria. ¿Habrá que buscar rectores indígenas? ¿Es lo que se quiere?
¿Pero acaso no es Bolivia la tercera nación latinoamericana libre de analfabetismo? ¿Cómo impulsar una ley así un país tan culto como el nuestro? ¿No somos los bolivianos  más educados que Chile, Argentina y Uruguay y sólo estamos por debajo de Cuba y Venezuela? Esto que viene es lo mejor que han parido las mentes más preclaras del Gobierno. Es el país del “cambio”.



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