Tierra Lejana Por Hernan Maldonado
Tierra Lejana

LA ?CANDIDATURA OPOSITORA?

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Por Hernán Maldonado (.)

En la Argentina lo llamarían “el candidato trucho”, en México quizás sería “el gallo tapao” y en Estados Unidos podría ser el “decoy candidate”. De lo que se trata es que el candidato oficialista busca dispersar el voto opositor inventándose uno.
El más reciente y descarado caso fue el del teniente coronel Francisco Arias Cárdenas en las elecciones venezolanas del 2000, cuya candidatura – como se comprobó más tarde – fue para dividir a la oposición y favorecer el triunfo de Hugo Chávez Frías.
Arias Cárdenas y Chávez fueron los cabecillas de los golpes de Estado del 4 de febrero y el 27 de noviembre de 1992. Estuvieron encarcelados por el baño de sangre que ocasionaron al atentar contra la democracia venezolana hasta que fueron favorecidos por una amnistía del presidente Rafael Caldera.
Los golpistas del 92, que se rindieron en sus escondites sin disparar ni un tiro, resolvieron capturar el poder por la vía del voto, aprovechándose del desprestigio, la corrupción y las divisiones en las que incurrieron los partidos políticos tradicionales Acción Democrática y el socialcristiano COPEI.
Pero Chávez, que ganó las elecciones de 1998 y que juró ante lo que llamó “una Constitución moribunda”, decidió convocar a una Asamblea Constituyente que aprobó una nueva Carta Magna, que incluyó la reelección inmediata. Aunque ya estaba al borde su segundo año de gobierno, Chávez decidió abusivamente convocar a nuevas elecciones “para comenzar de cero”.
Entonces “apareció” su compadre, amigo del alma y co-golpista Arias Cárdenas oponiéndosele tercamente. Con la aureola todavía de haber sido uno de los cabecillas golpistas reunió en torno suyo a muchos políticos que veían a Chávez como un potencial dictador.
Arias Cárdenas, con sus canas cubriéndole las sienes, aparecía como un moderado capaz de cumplir sin excesos los fines que se trazaron los golpistas de 1992 y que en resumidas cuentas se enfocaban a erradicar la corrupción y a “sembrar el petróleo”, como lo pedía angustiosamente ese preclaro venezolano llamado Arturo Uslar Pietri.
Llegaron las elecciones que ratificaron en el cargo a Chávez, con una respetable abstención del electorado. La oposición fue dividida. Nunca prosperó un frente único.
Al producirse el breve defenestramiento de Chávez el 11 de abril del 2002, Arias Cárdenas todavía tuvo los riñones de presentarse en Radio Caracas Televisión (cerrada en mayo del 2007) acusando a Chávez de ser el único culpable de la matanza de venezolanos aquél día. Lo menos que le dijo al derrocado fue “asesino”, “criminal” y “psicópata”.
Pero Chávez regresó al poder y Arias Cárdenas, junto con otros militares que aquél funesto día dijeron que Chávez había renunciado, aparecieron literalmente estirando sus pescuezos para fotografiarse con el petrodictador.
Lucas Rincón, que anunció al país la dimisión, fue ascendido al máximo grado del generalato y nombrado ministro de la Defensa, mientras Arias Cárdenas fue designado embajador ante Naciones Unidas y hasta ahora desempeña un alto cargo en la cancillería.
Como en Bolivia no hay nada que se haga sin que se copie lo que se ha hecho ya en Venezuela, a estas alturas y a menos de seis meses de las elecciones de diciembre, cabe preguntarse con preocupación si no estamos ante un candidato trucho, un gallo “tapao” o un “decoy” con ese aspirante que sufrió un fuerte golpe en la cabeza en la Asamblea Constituyente de Sucre y que nos está diciendo que Evo Morales es un autócrata. ¿No fue él quien ayudó a ponerlo en la presidencia? Amanecerá y veremos.

---------- (.) Hernán Maldonado es abogado y periodista



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