Tierra Lejana Por Hernan Maldonado
Tierra Lejana

El minero boliviano en Chile

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El reloj marcaba las 2:09 de la madrugada del miércoles cuando Carlos Mamani Quispe emergió lentamente de la cápsula “Fénix” para convertirse en el cuarto de los 33 mineros rescatados tras más de dos meses enterrados a centenares de metros de profundidad en la mina San José, en el desierto de Atacama. 1.200 millones de televidentes lo observaban en el mundo.

El joven boliviano, el único extranjero, dio un par de pasos vacilantes como queriendo acostumbrarse a una nueva luz, cayó de rodillas en señal de profundo agradecimiento y cuando se reincorporó ya tenía a su familia colgada del cuello. El presidente Sebastián Piñera, con una banderita boliviana en la mano izquierda, lo abrazó efusivamente: “Bienvenido Carlos”, le dijo. El minero sólo repetía: “Gracias, gracias. Muchas gracias”. Y era suficiente.

Muy lejos de allí, unos minutos antes, en el patio del Hospital de Copiapó, a donde serían trasladados todos los mineros, la televisora oficial chilena entrevistó a tres de cuatro familiares de Mamani Quispe. Emocionados, aún con el polvo del camino y padeciendo frío, fue poco lo que pudieron decir. “Hemos venido desde muy lejos sin ninguna ayuda”, apuntó uno de ellos. Supe en ese mismo momento que el minero muy dificilmente volvería a Bolivia.

Por eso la oposición de sus familiares a revelar sus planes futuros cuando fueron entrevistados en San José y el silencio tenaz de Mamani Quispe a poco de salir de las profundidades de la Tierra. Lo que ocurrió horas después en el hospital fue sólo protocolar y hasta me pareció que emocionalmente Carlos y su familia se sentían más cercanos a Piñera que a su presidente.

Evo Morales guardó silencio hasta 10 días después que supo que entre los mineros había un compatriota suyo. Otro fue su comportamiento cuando supo que se produciría el rescate y mucho más cuando los ojos del mundo se posaron sobre Chile. Sus asesores le alentaron a viajar, descuidando que lo primero que debian haber hecho desde el principio es buscar a los familiares de Mamani Quispe, ayudarlos y hasta de ofrecerles el avión presidencial para llevarlos.

El minero boliviano, huérfano de padre y madre, según se ha informado, tiene por familiares sólo a los de su esposa y estos aparentemente ya tomaron su decisión de quedarse en Chile, pese a los tardios ofrecimientos de Morales de obsequiarle una casa y un trabajo en la petrolera estatal. Ni Mamani Quispe ni ninguno de sus familiares quiso regresar el jueves a Bolivia junto con Morales.

“Los ofrecimientos de Evo no son nada seguros. En Bolivia no hay condiciones para vivir. Yo tuve que dejar abandonada mi casa en Cochabamba para venir”, dijo Maria Herrera, la suegra del minero. Una opinión que antes la tuvieron millones de bolivianos que hoy andan desperdigados por el mundo.

(*) Hernán Maldonado es abogado y periodista



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