Por Guillermo Arroyo

RESPONSABILIDADES SOBRE EL AGUA

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El Presidente Morales ya observaba que para el caso de Cochabamba la “Guerra del Agua” había servido para ubicar a parientes y amigos en la planilla de la empresa y el Vicepresidente comentaba que la discusión y palabrerío para “organizar” una nueva empresa en La Paz era interminable. En ambos casos  tenían razón.

Las razones intrínsecas que obligan a los países a una prolija atención y a compromisos sociales para tomar las decisiones de política pública respecto a este recurso esencial saltan a la vista. Están directamente enfocadas a la importancia del agua en cantidad suficiente para abastecer a la agricultura bajo riego, imprescindible recurso para la parcela del campesino pobre y en segundo pero cercano lugar, a la necesidad del abastecimiento de agua potable y saneamiento básico como obligación ineludible e imprescindible del estado hacia la salud y preservación de sus recursos humanos y muy particularmente de sus jóvenes y niños.

En esta tarea las sociedades, los países, los pueblos ,buscan a sus  más selectos especialistas y a sus inteligencias mejores para resolver los problemas que además, en casos ya muy cercanos se van convirtiendo en problemas críticos derivados del calentamiento global, de  las aglomeraciones humanas, de la urbanización acelerada o del valor de la tierra agrícola y la vinculación de esta con el habitante, en muchísimos casos, la única fuente de supervivencia que da alimento, vestido y vivienda básicas.

Los escenarios que vemos y criticamos para el caso del agua potable de La Paz y El Alto y las responsabilidades que no puedan “deslindarse” como creyera posible y deseara una máxima autoridad, están claras. Se trata en primer lugar de institucionalizar una empresa de agua y saneamiento de la calidad, organización y envergadura suficientes como para resolver los problemas que ya existen en ambas ciudades y que sumadas nos acercan a 2 millones de habitantes, una empresa con calidad suficiente para proponer y luego administrar proyectos de ingeniería necesarios para anticiparse a la escasez y actuar paulatinamente para mitigar las consecuencias de los anteriores y otros factores y planificar el crecimiento de los sistemas de forma que en el futuro no se repita lo que hoy vemos, ausencia casi completa y esporádica del agua potable y saneamiento en extendidas áreas de ambas ciudades. Así someramente descrito es imposible pensar, como seguramente algunos creen, que sin la presencia de generaciones profesionales comprometidas con el servicio hacia su país se pueda avanzar. Para todo esto se necesitan ingenieros y sociólogos de calidad excelente, como lo comprenden ya todos los países vecinos que resuelven sus problemas como Chile o el Perú. Nuestros indicadores de pobreza son casi  iguales a los de falta de agua potable y alcantarillado y nos ubican un poco mejor que Haití en América Latina.

Si en cambio se prefiriera, como parece ser el caso, ceder a la presión de intereses profundamente subalternos o a la codicia, ubicuidad y latrocinio como empieza ya a acusarse, habremos causado un daño irreparable en mucho tiempo y las responsabilidades quedaran en todo caso muy claras. El gobierno no quedará entonces libre de las consecuencias que sobrevengan.



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