Por Guillermo Arroyo

AGUA TORMENTOSA

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Las ciudades de La Paz y El Alto son crecientemente conflictivas en las épocas de lluvia aunque por razones diferentes, la primera porque, al ser un lecho de cuenca montañosa, una hoyada, tiene espacios restringidos y aumenta el flujo de agua superficial en la época al modernizarse la urbanización, el asfalto y la segunda, por tener un desarrollo no planificado y amorfo en una planicie árida y expansiva. En ambos casos en cambio, ideas ya muy contemporáneas pudieran ensayarse y mitigarse consecuentemente la vulnerabilidad de ambas ciudades en épocas de tormenta como las que vivimos periódicamente cada año. No debiera discutirse mucho sobre la prohibición rígida que la autoridad municipal debiera tener para negar expansiones y construcciones en las áreas llamadas “negras” inestables, arcillo-arenosas, imposibles o muy caras de sostener y estabilizar o alternativamente muy difíciles de abastecer con infraestructura de saneamiento básico o transporte urbano.

Alternativamente en cambio, difiriendo considerablemente de la ingeniería tradicional que se caracteriza por definir  límites urbanos fijos, por regulaciones muy establecidas de propiedad, por responsabilidades de mantenimiento comunal que rara vez se cumplen, en cambio la búsqueda de soluciones interdisciplinarias y más sofisticadas, orientadas a planes maestros desarrollados en base a la realidad hidráulica y al  drenaje se van necesitando a todos vista.

La combinación de la ingeniería y otras disciplinas no tan ingenieriles será probablemente más imprescindible en el futuro. Algunas merecen citarse: Planificación detallada para el uso y expansión de la tierra urbana, especificación de los usos de tierra y detalle para permitir la expansión de la infraestructura de alcantarillado y colección pluviales alrededor de obras matrices o maestras o de los canales y vías de agua respetados y definidos.

La necesidad creciente de conducir el agua de tormenta y controlar las inundaciones hará imprescindible en tiempo muy cercano buscar un modelo sustentable para el desarrollo de la infraestructura hidráulica de las dos ciudades que se inundan y que resuelva bastante más que sólo la conducción de agua de  tormentas y condicione el desarrollo urbano a estas restricciones reales.

Otras metas críticas como la planificación urbanística, la calidad del agua, el uso planificado e integral de los espacios urbanos, los usos recreativos y aun la biodiversidad son cada vez  más necesarias cuando se empiezan a ver estos problemas de más cerca y su dependencia de las soluciones hidráulicas.

Si bien son aparentemente caras las alternativas interdisciplinarias que se discuten, no lo serán si se amortizan en el tiempo versus los riesgos de ciudades vulnerables, devaluaciones de infraestructura y terrenos urbanos y de los parches anuales que  atingidamente se van proponiendo.

En 2003, SAMAPA presentó a ambas alcaldías soluciones encaminadas a resolver estos problemas tan vinculados al drenaje pluvial. Desconozco la suerte de ambos proyectos a diseño final.



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