Por Guillermo Arroyo

Agua para riego

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“El Gobierno dará $us.200.000 para cada municipio rural para el plan de riego” rezan los titulares a 5 columnas en un periódico nacional cuando reporta que, seguramente como resultado de la  preocupación presidencial derivada de la sequía y de la disminución en la producción de alimentos básicos para la familia campesina o la subsecuente provisión a las ciudades, les asigna a 300 alcaldes provinciales junto a la obligación de trabajar para el desarrollo productivo de sus regiones.

Para no desperdiciar el dinero empero caben algunas reacciones preliminares. La distribución igualitaria a cada municipio es difícil de justificar, puesto que cada uno, incluso municipios colindantes puede tener características y necesidades diferentes  en uno puede haber suficiente agua y en otro no. El sofisma de “micro riego” tan de moda en décadas actuales tampoco resuelve los problemas, puesto que se tiene suficiente agua para riego o no. El riego en el fondo aumenta teóricamente el tamaño y valor de la parcela y consecuentemente de la producción y para que esto ocurra no importa de donde viene el agua que pudiendo haber en exceso en un sitio, es escasa o escasísima en otro, aunque tengan otras características comparables.

 Como se trata de una economía rural en extremo subdesarrollada y dentro de ella un sector, la agricultura con riego, consecuentemente también poco desarrollado, la productividad y nivel tecnológico son muy escasos e insuficientes, de lo que se trataría mas bien seria de una asignación óptima de recursos financieros que aseguren soluciones estables o por lo menos de mediano plazo.  En Bolivia los recursos potenciales de agua no se usan  ni en un 5% en irrigación, y los proyectos modernos, es decir aquellos de represamiento, conducción y distribución asegurada y estable durante el año son prácticamente muy pocos. Es por eso que la decisión de construir “atajados, presas, sistemas por aspersión o goteo e infraestructura operativa que los apoyen están plenamente justificados junto a la preocupación presidencial, pero no todos los casos son iguales o equivalentes, ni las soluciones las mismas y consecuentemente ni directa y aritméticamente proporcionales a otros criterios como la población el área cubierta o aun el tipo de cultivos. Son en cambio directamente relacionados a la cantidad de agua en el sitio y momento que se requiera. Debería más sabiamente destinarse un fondo común para el riego y desembolsarse con criterios de eficacia y necesidad. En algunos casos entonces la necesidad puede ser mucho menor.

En países desarrollados los servicios de hidrologia derivan en información existente y procesada que en tiempo de cambio climático aun resulta todavía relativa para uso de los agricultores, pero les permite anticipar ciclos y cultivos agrícolas con riego y a secano dependiendo de la cantidad de agua que se pronostique en un determinado periodo agrícola anual. Es lógico deducir entonces que el resultado serán cosechas altamente competitivas  en cantidad y calidad mientras las nuestras no saldrán de técnicas primitivas tan típicas de la pobreza.

La cantidad de cosechas útiles (forrajes, cereales, verduras, oleaginosas, etc.) que deban incorporarse anualmente para cubrir la demanda, junto  a las nuevas áreas que se añadan como resultado del riego sólo pueden provenir de planes nacionales que coordinen estos y otros diversos elementos y que deriven en planes generales de aprovechamiento de las cuencas o en planes nacionales de riego que optimicen los recursos financieros y locales disponibles, que en países como el nuestro resultarán siempre escasos.

Se entiende también el voluntarismo y desesperación de los alcaldes y el presidente cuando dicen que “las organizaciones sociales e indígenas son las que conocen más la realidad y ejercerán el control social”. Estos elementos políticos sin embargo solo a nivel de parcelas y comunidades serán útiles como respaldo a planes nacionales mas sofisticados, diseñados con  suficiente criterio de ingeniería hidráulica y organizacional para la administración del agua, ambos de los cuales ahora carecemos y es entonces que serán imprescindibles los ingenieros. Insistiremos en el tema



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