Opinión

2 de agosto de 2017 10:32

EN DEFENSA DEL TIPNIS


El pasado 1 de agosto la Comisión de Región Amazónica, Tierra, Territorio, Agua, Recursos Naturales y Medio Ambiente de la Cámara de Diputados aprobó en grande y detalle la ley que abrogaría la intangibilidad del TIPNIS (Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure). La misma ha sido remitida a la presidente de la Cámara Baja de la Asamblea Legislativa Plurinacional para su consideración.

La mencionada Comisión formula una ley fundamentada en argumentos como la protección, desarrollo integral y sustentable del TIPNIS, en armonía con los derechos de la Madre Tierra, que daría vía libre a lo que paradójica y contradictoriamente dice defender. Se ampara también en una consulta “previa libre e informada” a los pueblos mojeño-trinitario, chimán y yuracaré, que detentan ese territorio; sin embargo, parece no tener en cuenta la lucha histórica de los pueblos indígenas de tierras bajas en la marcha por el Territorio y la Dignidad de 1990, ni la VIII marcha de los mismos pueblos en 2011 que logró la aprobación de la Ley 180 que declara la intangibilidad del TIPNIS, con mucha mayor fuerza y autenticidad de representación. Ignora que se trata de territorios no de tierras.

El poder del gobierno suele ignorar, atropellar y violentar a los más débiles, con la clara muestra de la represión en Chaparina a la VIII marcha en 2011 o la movilización de personas con discapacidad en 2016. Los intereses que proclama defender para quedar bien en el ámbito internacional, como la defensa de los derechos de la Madre Tierra o de los pueblos indígenas, son conculcados en su propia casa sin el menor rubor, con la complicidad de dirigentes que han dividido las organizaciones indígenas creando células paralelas.

La importancia de la protección y cuidado de la naturaleza, biodiversidad, poblaciones humanas y el ecosistema no es solo cuestión de grupos particulares (sean activistas, indígenas o políticos), es una exigencia de justicia y responsabilidad para la humanidad toda. En distintos espacios y de miles de formas se alerta y trabaja contra el cambio climático producto de la acción humana. El papa en la encíclica Laudato Si señala con gran acierto que la crisis ambiental es una y la misma con la crisis socioeconómica, una crisis de los valores y principios que rigen hoy en el mundo que llevan a la explotación de la naturaleza y la misma humanidad bajo consignas de desarrollo y progreso en un capitalismo salvaje.

La afectación que se puede ocasionar con el obstinado propósito de que la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Mojos pase por el TIPNIS no sólo va al daño ambiental o de las poblaciones indígenas (en su hábitat y sistema de vida, que por cierto pueden ser mejorados con la atención a otras necesidades) sino que esconde propósitos de capitalismo salvaje vía la explotación de madera, ampliación de la franja agrícola con monocultivos, incursiones de contrabando y facilidad para el narcotráfico.

Y el TIPNIS no es el único espacio que se busca afectar, también está bajo la mira la reserva nacional de Tariquía para la actividad extractivista de hidrocarburos, los proyectos de represas del Bala y Chepete. A título de progreso, de mejora de las condiciones de vida, de generar recursos económicos se estará minando el futuro de las presentes y próximas generaciones, pues la explotación de los recursos naturales motivada por la ambición económica es ciega y no importa nada ni nadie con tal de llenar los bolsillos de algunos.

Es urgente tomar conciencia de que el TIPNIS no es un problema aislado, un caso único, en muchos lugares y de formas similares se está aniquilado la vida de animales, plantas y personas. En lo que nos toca, la Amazonía es un bien para la humanidad a la vez que el espacio vital de diversos grupos indígenas que la habitan, conocen y protegen. El poder y el dinero no solo envenenan ríos o tierras también conciencias de representantes que antes que defender el bien común aseguran sus bienes particulares.

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