| Bolivia, 21 de Noviembre 2008 - 12:02 Hrs. | Busqueda Avanzada |
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¿Es o no es verdad? OTRA VEZ GOBIERNO E IGLESIA Por José Gramunt Moragas, S.J. |
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Por José Gramunt de Moragas, S.J.
Al Gobierno de Evo Morales le gusta sorprender al sufrido ciudadano. Aprovechando el éxito obtenido en la consulta del 10 de agosto y antes de que se enfríe la mayoría masista, en la noche del pasado jueves 28, disparó una salva de decretos que dan mucho que pensar – o que temer: un referéndum para promulgar o no la Constitución de la Glorieta; otro “dirimitorio” sobre Tierra y Territorio; un tercero nombrando nuevos prefectos de La Paz y Cochabamba; y un cuarto para elegir subprefectos y consejeros departamentales. Todo por medio de Decreto-Ley. Nada pasado por el Parlamento. Es la línea autoritaria de Don Evo. La primera conclusión es que el Gobierno ha retomado la iniciativa, frente a los prefectos autonómicos que, hasta ahora, la tenían en sus manos. En efecto, cuando los autonómicos ya creían poder gobernar su cotarro, el poder central contrapone una elección de subprefectos y consejeros departamentales en todo el país. La respuesta de parte de la Media Luna es el desacato con lo que coinciden con el Gobierno en hacer imposible el diálogo. Se plantea pues el nuevo conflicto entre prefectos autonómicos y subprefectos centralistas, con lo cual no hay forma de encarar las obras que necesita el Departamento.
Sobre el referéndum constitucional, existe un sentir muy difundido sobre que la Constitución de la Glorieta es un pastel incomible. Pero lo que le importa a Evo Morales es que permite la reelección continuada del Presidente y Vicepresidente. Reconozco que, en principio, la reelección o la no reelección presidencial son formas éticamente optativas por parte del legislador. No obstante, cuando se trata de un régimen presidencialista y sus beneficiarios han dado pruebas de autoritarismo, constitucionalizar la reelección continuada da razones para temer el endiosamiento del caudillo y, consiguientemente, la marginación de las instituciones propias del Estado de Derecho. Marginación que ya está en curso. Prevalece entonces la sentencia, “l´Etat cest moi”, la falta de fiscalización de lo que hace u omite el mandamás, la acumulación de poder en sus manos y en las de su corte, la corrupción impune, el fraude electoral, la gerontocracia, etc. En estas condiciones, que no son inventos, ¿aguantará la mayoría ciudadana boliviana a un Evo Morales o a cualquier otro por varios períodos continuados?
Más referendos todavía: el elegantemente apellidado “dirimitorio” que, en claro castellano se traduce por reducir la propiedad rural a unas medidas preestablecidas: de 5.000 Hs. a un máximo de 10.000. ¿Cuál será la respuesta de los agropecuarios del oriente, que cultivan granos o crían ganado, y requieren de extensiones suficientemente grandes para ser rentables? Otra vez se plantea la contradicción entre Oriente y Occidente. Pues bien, una vez firmados los decretos comentados, el Presidente partió a lo países de las mil y una noches, huyendo sagazmente de la oleada de críticas que ya se están multiplicando. Para templarlas, anuncia la firma de cartas de intenciones de miles de millones de dólares. Prometió otra millonada que facilitaría la venezolana Pedevesa, el año pasado se suscribieron promesas similares con el Presidente del Irán y no se cumplió nada. ¿Quién le cree?
2,IX,08
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