Compañía de Jesús
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Por José Gramunt Moragas, S.J.
   

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ALÉJESE UD. DE LA FRIALDAD
Por Mateo Garau S.J.
 
Si al llamarnos “fanáticos” nos sentimos agredidos, al alistarnos en la frialdad debería afectarnos de igual modo, “Frialdad”: Psicológica, temperamental, de carácter.
 
¿Nos asomamos a este fenómeno? Qué es, cuál su origen, diferentes modalidades. Por qué dañino y a quienes perjudica. ¿Superable? Vamos allá, amigos; puede ser que nos sorprenda vernos incluidos o salpicados.
 
En su tipo “Standard” figuran los apáticos ante todo y ante todos, los desganados, “no viven la profesión; la profesión vive por ellos” (Walter Ambar).
 
La literatura sobre el tema no es escasa. Intentan tipificarlo cara a una superación:
 
- “Ve pasar los trenes sin subirse a ninguno” (John Fitz y)
- “El abstencionista permanente” (Bruno Swigt)
- “El eterno dopado (Sara Willy).
 
Posible origen: Tímidamente se sugieren sus raíces: ¿Deficiencia hepática? ¿Problema genético – hormonal? ¿Educación narcisista en la niñez? Se preguntan; por lo mimado y sobreprotegido se le ha evitado lo duro de la vida y el dolor, todo ya “masticado” sin el aporte libre y personal; sin la pelea noble y esforzada. ¿Qué se puede esperar? Un clima de egoísmo en el hogar ha facilitado un fatal egoísmo ante la vida y su gente.
 
Sugerencias éstas que nos obligan – agradecidos – a revisar nuestra posición en la sociedad, actitudes en la vida, educación de nuestros hijos.
 
Repercusiones: Son varios los campos que abarca la frialdad, los afecta negativamente. Se incluye el sector conyugal, relación deficiente – congelada con los hijos, bajo rendimiento laboral – profesional, muy baja creatividad. Otro semáforo rojo: alejarnos de este sombrío panorama.
 
Algunos, en aproximación filosófica, atribuyen este fenómeno a la post-modernidad. Nos comentan: “Al menos la Modernidad creía en el hombre, en la razón y en la ciencia al servicio del hombre, mientras que la post modernidad se ha vuelto escéptica, incluso ante las pretensiones humanistas. Puede generar una mezcla de desconcierto, dudas, desengaños, hastío” (L.M. Arroyo Arrayás).
 
Ruego, amigos lectores, se me permita incidir en la frialdad religiosa. Si el fanatismo religioso, objetivamente, es antisocial y repudiable, la frialdad religiosa, el otro extremo, es la posición personal indiferente ante la fe madura y auténtica; una ausencia de relación íntima y amorosa con Dios y nuestro Señor Jesucristo. No se declaran ateos sino algo más preocupante: “No me interesa”. Practican ciertos ritos por tradición, por un cumplido social, no desentonar, ganar puntos para su currículum.
 
¿Cómo los “fríos” religiosamente se privan, o desconocen, la chispa divina del amor gratuito de Dios, su fidelidad incondicional, su oferta de un “plus” en la vida que lo hace todo feliz, incluso el fracaso y el dolor? ¿y el deseo del Señor, para nuestro profundo bien, de “amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, porque “El nos amó primero”?. Tampoco se tiene el juego interior de contagiar la propia felicidad a otros.
 
Debemos detenernos hoy aquí, conscientes de lo ófrico del tema. Pero asoma, para la próxima entrega, un radiante sol:
 
Cómo superar la frialdad, global y la religiosa – hacia dónde encaminamos - ¿Y la “Frigidez sexual”?
 
Les deseo un reconfortante fin de semana.
 
 
¿Y Ud. qué dice?