Compañía de Jesús
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¿Es o no es verdad?
DECRETOS-LEY A CHORRO
Por José Gramunt Moragas, S.J.
   

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MAXIS Y MINIS FANATISMOS
MATEO GARAU (*)
 
Dejando de lado la aplicación del término “fanático” a lo deportivo, querendones del propio terruño… nos sentimos ofendidos cuando se nos etiqueta así: “Eres un fanático”. Cerrado y obcecado.
 
Lamentablemente nos resultan conocidas ciertas manifestaciones de él, por sus brutales consecuencias: Terrorismos y muertes.
 
Cuando la Prensa o T.V. nos hacen presenciar estos actos demenciales, dentro o fuera de nuestro país, se suelen atribuir frecuentemente a un exacerbado racismo o al campo religioso.
 
¿Y el fanatismo político, el de conducción del hogar, de la relación conyugal, educación de los hijos…?
 
Cuántos divorcios y rebelión de los hijos se deben, en todo o en parte, a personas con un temperamento fanático. Se bloquea el diálogo sereno y respetuoso, se impone a los hijos “el mismo terno de los progenitores” de hace muchos lustros, se tiene una visión deformada o de lo que pasó… No se acepta el repartirse responsabilidades que han ocasionado el hecho repudiado.
 
Para ubicar el tema de hoy con la mayor claridad posible, se impone desempolvar su etimología y algunas de sus características matrices.
 
Proviene del latín “fanum” (templo, lugar sagrado); su significado fue primordialmente religioso: Exaltación o entrega apasionada y desmedida a unas convicciones consideradas como lo único valioso y capaz de “salvar” a la humanidad. Se considera uno obligado a imponer a los demás; está en juego su fidelidad y su propia salvación.
 
Para el fanático el fin justifica los medios…¡los santifica! por aberrantes que sean en sí.
 
Voltaire, en su tratado sobre la tolerancia, define el fanatismo religioso como “una locura religiosa, sombría y cruel, una enfermedad que se contagia como la viruela”.
 
Auto medición de nuestros posibles fanatismos maxis o minis (ambos destructores) ¿somos, tendemos a ser, obcecados, tercos, dogmáticos, ególatras, orgullosos, radicales en nuestra posición, menosprecio de lo de otros?
 
¿Intolerantes, agresivos, incapaces de comprender lo distinto, de dialogar en sencillez y modestia? ¿Nos obligamos a desconfiar, de nuestro pensar o visión?
 
El deseado diálogo político requiere – condición previa que ambas partes depongan su posible fanatismo en su posición. Se espera de todos ellos, nobleza, amplitud, respeto al “contrario”, dejar de lado intereses personales, económicos o políticos. Si todo esto no se consigue, será un magnífico diálogo… de sordos! A todo trance se ha de evitar.
 
Próxima entrega: En las antípodas, la “Frialdad”, de signo contrario, pero también mortífero.
 
¡Feliz fin de semana… con calor!
 
Abramos todos una amplia ventana al sol de la esperanza: Podemos mejorar; que los demás se sientan más a gusto a nuestro lado, avanzar hacia la madurez.
 
El Padre Dios con pena no puede relacionarse con los soberbios y tiene su felicidad en su trato con los sencillos y modestos.
 
¿Y Ud. qué dice?  
 
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(*) Sacerdote Jesuita
 
01 de abril de 2008
 
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