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PACTO DE SILENCIO
Por: René Cardozo, S.I (.)
 
Seguramente nunca llegará a esclarecerse lo que realmente sucedió la noche del pasado lunes 25 de febrero en la localidad cochabambina de Epizana. Lo único que quedará son tres cadáveres de policías, brutalmente golpeados y dos de ellos ahorcados. Tres familias sumidas en el luto y el dolor. Por lo demás, un pacto del silencio, para que nunca se conozca la verdad, y mucho menos se asuma la responsabilidad o la culpabilidad de los hechos.
 
En Bolivia los linchamientos, los ajusticiamientos por manos propias, no constituyen una novedad. Más aún en la región cochabambina, en la que se van sucediendo periódica y regularmente en muchas de sus poblaciones. Llama la atención, sin embargo, la brutalidad y la crueldad con la que muchos de ellos se realizan. Conllevan cruelísimas torturas, constituyendose en un asesinato al margen de toda ética y moral social. La vida pierde completamente su valor. El odio, la venganza, el desprecio más absoluto del otro toman un lugar preponderante. Es el mundo de la irracionalidad, de la brutalidad en el sentido más puro.
 
Lo que sucedió en Epizana, sin embargo, es una muestra de una serie de males que aquejan a la sociedad boliviana. Contrabando, narcotráfico, extorsión, corrupción, marginación, pobreza, delincuencia, violencia encubierta, todo detonado al mismo tiempo para expresar que la sociedad boliviana guarda latente verdaderas bombas de tiempo que pueden estallar en cualquier momento y en cualquier lugar.
 
Si pensamos todos estos síntomas localizados en Epizana, a un nivel nacional, tenemos grandes y estructurales males sociales. Por un lado la policía, institución fundamental para la convivencia social, sumida en una profunda crisis de credibilidad. Si la institución que debe otorgar la seguridad y confianza ciudadana pierde su propia credibilidad nos encontramos ante una sociedad a merced de todos aquellos que quieran violentarla. Si la policía no solamente tolera, sino contribuye a la ocultar la verdad, a corromper muchas estructuras, entonces no tenemos apoyo institucional para mejorar la convivencia social.
 
Por otro lado, una delincuencia que mantiene a la policía subordinada a su voluntad e intereses. Una delincuencia cada vez más campante y profesional. Una delincuencia que se va fundando en el robo, el asesinato, el contrabando, la ilegalidad, el narcotráfico, etc. Una delincuencia que si no se la controla y frena a tiempo, posiblemente sea la que controle las instituciones y los actores políticos, sociales y económicos en el corto plazo.
 
Epizana no es un hecho novedoso. Se inscribe dentro de una vida cotidiana sumida en las más profundas contradicciones. Y el pacto de silencio, no hace más que mantenerlas y profundizarlas.

2 de febrero de 2008

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(.) Provincial de la Compañía de Jesús en Bolivia
Diplomado del Instituto de Estudios Políticos de París