| Bolivia, 05 de Septiembre 2008 - 15:23 Hrs. | Busqueda Avanzada |
| Opinión | |
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¿Es o no es verdad? DECRETOS-LEY A CHORRO Por José Gramunt Moragas, S.J. |
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Por: René Cardozo, S.I.(.)
Luego de la celebración de los carnavales, la Iglesia Católica vive un tiempo particular de reflexión y de conversión de los corazones. Litúrgicamente denominado tiempo de cuaresma, este tiempo abarca desde el miércoles de ceniza hasta la Semana Santa. Podemos caracterizarlo, entre otras, por tres actitudes fundamentales:
Por un lado, está un profundo espíritu de solidaridad, que se debe expresar en colaboraciones concretas a los más necesitados. Quizá es un momento privilegiado para pensar en los miles de ciudadanos bolivianos que pasan situaciones difíciles a causa de los desastres naturales y otros graves problemas. Al mismo tiempo, buscar la manera de efectivizar una ayuda concreta, dentro de un espíritu de construir un mundo en el que se libere a los que viven en esclavitud, en angustia, en injusticia, o en cualquier situación de pecado.
Por otro lado, la cuaresma refleja una actitud personal, y grupal, de moderación, y respeto, en la vida cotidiana. Esta actitud de moderación permite generar un clima de discernimiento frente a los desafíos de cada día. El ayuno se expresa hoy, no solamente en los gestos materiales, sino en la humildad y sencillez de los corazones y las actitudes personales. Tal vez un tiempo para que los católicos, sobre todo los que se encuentran en funciones públicas, piensen en moderar el todo de las pretensiones, o las acusaciones, o los enfrentamientos, de obra y de palabra.
Finalmente, este tiempo es un tiempo de acercamiento a Dios, a través de la oración y la plegaria. Tiempo para ir generando una verdadera reconciliación, consigo mismo, con los demás y con Dios. Una reconciliación que va más allá de la simple tolerancia, fundada en la mayoría de los casos en flagrantes injusticias. La reconciliación verdadera es el encuentro con ese Dios que resucita en Pascua, que es vida, que es salvación. Reconciliación es reconocer en el otro la propia imagen de Cristo, y construir juntos el Reino de Dios. Es trabajar profundamente por la paz y la justicia, por la vida y la libertad.
Por ello, valga siempre la oportunidad de dotar a nuestras actividades de una mayor profundidad y calidad, mediante una evaluación profunda de los alcances y las consecuencias de los actos personales, y sociales. No está demás que este tiempo sea un llamado para católicos y no católicos, para iniciar un proceso de reconciliación y de verdad. Por supuesto, sin que esto pueda significar perder la necesaria sencillez y humildad, actitudes muchas veces reñidas con la simple obsesión de poder. La cuaresma puede ser un tiempo de reencuentro entre hermanos y hermanas, enriqueciéndonos y valorando, nuestras propias diferencias.
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(.) Diplomado del Instituto de Estudios Políticos de París. 10 de febrero de 2008 |