Por Manfredo Kempff Suarez

LO QUE PREOCUPA DE LAS FF. AA.

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La actitud democrática de las Fuerzas Armadas en la última década, luego de los duros acontecimientos de octubre de 2003, es algo que no se puede ignorar y que merece todo el reconocimiento de la ciudadanía. Soportar, mirando desde los muros de sus cuarteles, un desbarajuste institucional tan grande, sin interrumpir la vida democrática, es inédito, porque Bolivia está viviendo una democracia sui generis, bastante próxima a una autocracia.

Los halagos que llegan a los militares de parte de S.E. y hasta de los propios medios de prensa nacionales, antes contrarios como consecuencia de las dictaduras, hay que destacarlos; la calificación que reciben los hombres de armas en las encuestas de opinión, el aprecio que parece surgir hacia las FF.AA. desde los sectores más pobres y más combativos de la sociedad, hacen ver que el Ejército ha recuperado popularidad y prestigio.

Principalmente en las altas esferas del gobierno, se las señala como sostén del proceso de cambio y garantía de estabilidad.

Esto ha merecido que los militares sean objeto de un poderoso apoyo gubernamental; que una parte de los ahora muy grandes recursos del Estado vayan a fortalecer las áreas de la defensa nacional, lo que era necesario sin duda. Sin embargo, dicen que cuando la limosna es grande hasta el santo desconfía.

Lo único que no sería tolerable bajo ningún punto de vista es que las FF.AA. se convirtieran en milicias del MAS, como fervientemente desean los actuales gobernantes. Si bien los militares no deliberan – lo que es correcto y obedece a la Constitución – por lo menos tienen derecho a pensar. Y si piensan, con toda seguridad que muchos deben estar preocupados por su destino, porque, a este paso, acabarán siendo los músicos que animaran las marchas de los movimientos sociales, que ya han dejado en segundo plano hasta el  gallardo paso de los cadetes del Colegio Militar. Parece intrascendente pero llama la atención que las masas, que marchan por nimiedades diariamente, tengan que hacerlo también en el aniversario de las FF.AA. Eso ya es un exceso y un falso concepto de unidad. Una cosa es la fiesta del Gran Poder y otra la parada militar más importante del año.

¿Ha afectado tanto el síndrome de Goni en las FF.AA.? ¿Ha sido el 2003 el año terminal del Ejército?  ¿Los 60 muertos de Octubre Negro han sido tan demoledores como una derrota bélica? Porque una cosa es obedecer el mandato constitucional y otra distinta humillarse ante el poder político. Si S.E. dice que los militares deberían saludar con aquél guevarista “patria o muerte”, al día siguiente las guarniciones lanzan la consigna con la que se mató oficiales y soldados del Ejército. Si S.E. dice que las FF.AA. tienen que ser “nacionalistas, socialistas y antiimperialistas”, de inmediato el Comandante en Jefe las compromete repitiendo lo dicho por el Presidente. Además, el propio Comandante, se despacha en su discurso de Aniversario, el nuevo pensamiento militar sobre la descolonización, el pacto social con el pueblo y el indescifrable “vivir bien”. Menos mal que el juramento a la bandera es únicamente a la tricolor nacional, hasta que a S.E. se le ocurra imponer el juramento a “las banderas” para incluir a la folklórica wiphala.

Las FF.AA., además de defender la soberanía nacional y la estabilidad interna, “no realiza acción política”. Pero ahora, las FF.AA. están totalmente politizadas, repitiendo, en cuanta ocasión se presenta, su lealtad a S.E. y al “proceso de cambio”. Eso no está bien. En la etapa democrática surgida desde 1982, no existía tal sumisión, hasta ahora. Es una excesiva retribución a las gentilezas y favores de S.E. La lealtad de las FF.AA. es con la Patria y la Constitución. Aquí no es cosa de que, a cambio de fidelidades oportunistas, algunos  comandantes terminen premiados como embajadores para contribuir a una diplomacia boliviana cada día peor. Una media docena de ex altos jefes están por el mundo, favorecidos por su lealtad a toda prueba, pero sin mayor suceso por su absoluta falta de experiencia. Claro que si se observa a los embajadores del MAS, hay que reconocer que la cosa va pareja.

Nadie se opone a que las FF.AA. vivan con mayor dignidad porque su pobreza ha sido ofensiva. No se duda que sea necesario un equipamiento mínimo que el Estado debe proveerles. Ahora existen recursos enormes que se están dilapidando a manos llenas en afanes proselitistas. ¿Cómo oponerse a que el rancho de un soldado mejore? ¿O que repose en una cama decente? Pero que eso no sea al precio de la obediencia del Ejército a un grupo rapaz que, con halagos, quiere convertirlo en su guardia privada. El MAS tiene sus propios pretorianos y eso es suficiente.
 

 

 



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